Ayer es un cielo de signos,
cruce de teléfonos sin cables que descuelgas como niño falso,
cansa aparentar que juegas (diálogos de sombras).

Fuego de nieve en los bancos de niebla que tuviste que apartar para sacarte de aquí,
aterrizaste equivocadamente (monólogos de luz).

Aún te quema el hielo de los ojos
y en tu piel de invierno la sangre hierve,
pero el tiempo se congela en el vacío: monótona nevera de la nada.

Sigue jugando sin aparentar que juegas,
piérdete en perderte sin quedar a salvo,
porque el que no está habita lo preexistente
y está más cerca de la vida.

Y ahora
dejarse perder
sería más sincero que huir.

Porque no estás.

La capa. Ezra Pound (1885-1972)

¿Guardas tu rosa intacta
hasta que pase la primavera?
¿Es que esperas el beso de la muerte?
¿Crees que en la tumba oscura
hallarás un amante
mejor que yo ? No te echarán de menos
las rosas nuevas.
Cúbrete con mi capa y no del polvo
que cubre lo pasado.
Ten más miedo del tiempo
que de mis ojos.

sin título

Después de andar a la deriva
entre sueños rotos y verdades
tuviste miedo de salir afuera,
precipitado en la altura
abandonaste el disfraz de los días
y fuiste tú.

Fuiste tú en el peligro de caer al vacío
y permanecer junto a flores muertas del ayer,
peligro de sentirse vivo.

Al caminar entre la multitud
reconociste el miedo
que las prisas esconden,
velocidades ajenas a la luz
disparando en tus ojos
como ametralladoras.

Y tú, cansado de perseguir sombras,
te arrojaste a la noche
sin consuelo ni vacilaciones.
Culpable de escupir pronombres
y mundos sin destinatario.

Cansado.

Focos de ciudad y olvido (Antología del desconsuelo 2000-2004)

Sigo desprendiéndome de viejos poemarios que podéis descargar gratuitamente en formato PDF. Aquí el primer intento, libre atrevimiento autoantológico y desolado.


Focos de ciudad y olvido (Antología del desconsuelo 2000-2004)

Los poetas (Azorín)

Contemplemos imaginariamente a un poeta; este poeta es Rilke o es Verdaguer. Siente hondamente la poesía; la poesía mana en su cerebro, en toda su personalidad, como el agua en un surtidor; aunque pusieramos la mano en un surtidor, en un manadero, en el caño de una fuentecita fluente -muchas veces lo hemos hecho-, el agua, sin poder reprimirse, se escaparía por entre nuestros dedos. El poeta que estamos imaginando siente, vive, se produce en todos los momentos en poesía. La realidad exterior es para él material continuo de poesía; ve esta realidad, no prosaicamente como los demás mortales, sino en pura, prístina, delicada poesía. Para ver así la realidad, el poeta tiene que vivir entregado a sí mismo. Durante la adolescencia, tal vez la forma, la luz, las líneas, las apariencias de las cosas, dominen el espíritu de esas mismas cosas.

No importa, no importa por ahora. Con esas líneas, ese color, esas exterioridades de la realidad, se pueden también tejer bellos poemas. La realidad cantará ella sola, espléndidamente, en los versos del poeta. Pero ¿no pasa el tiempo? ¿No sigue su curso eterno, inexorable, el universo con las cosas contenidas en él, con el color, con la línea, con la forma? Ya los ojos del poeta van viendo la realidad de otro modo; un ceño ideal -melancolía, duda, decepción- se muestra en la frente del elegido; el gesto de sus manos es más lento. El poeta se va concentrando sobre sí mismo. Y al mismo tiempo va surgiendo en él una sensación extraña, una vaga aprensión que antes no tenía. Al principio, el poeta casi no se da cuenta. Sí, es eso; una vaga aprensión. Pero ¿aprensión de qué? Ante la blanca cuartilla, el poeta se ha detenido un momento. No se había detenido nunca antes de este momento; siempre su pluma había corrido ligera, rauda. Y ahora... El mundo exterior, la forma, la luz, ¿tendrán la importancia que el poeta les da? Si aprisionamos todo esto en bellos versos, ¿todo esto no será un poco vano, en resumen de cuentas? Detrás de las formas externas existe otra cosa; aprisionar ese algo misterioso no estan fácil como expresar la luz, la forma y el color. Intentamos recoger en las cuartillas un poco de ese espíritu misterioso. El poeta ahora, en este instante, se siente con fuerzas para ello; su vocabulario se prestaría fácil, dúctil, a la empresa. Las tentativas suceden a las tentativas; el poeta va perdiendo la serenidad del comienzo. La vaga aprensión de que hablábamos antes se convierte en miedo. Sí, en miedo. En la continua meditación, esta realidad, que al principio encontrábamos tan espléndida, vivaz, desbordante de vida, ha ido convirtiéndose en una enemiga nuestra. El poeta lucha por recoger, prender, aprisionar en sus versos un poco del espíritu de las cosas; pero la realidad externa es tan visible, tan manifiesta, tan fuerte, que se sobrepone a todo.

Y en este punto el poeta pierde el dominio de sí mismo; comienza a dudar de sí propio. Entregado a sí mismo, en su meditar constante, las cosas han adquirido unas proporciones que para los demás mortales no tienen. Los sentidos todos del poeta han ido adquiriendo una sensibilidad excepcional; ve el poeta en el mundo, entre las cosas, relaciones misteriosas, profundas, que los demás no perciben. Todo se agranda, se agiganta para el poeta; incidentes que para los demás son desdeñables, simplemente ingratos, son, para el ser elegido por las Musas, intolerables, dolorosísimos. Se refugia el poeta en el mundo del espíritu; se entrega a sí mismo. Pero entregarse a sí mismo, sin prescindir de los demás, es empresa imposible. Poco a poco, buscando la soledad, va apartándose el poeta del mundo; limita sus amistades, evita el encontrarse en los concursos y congregaciones humanas. De este modo, la realidad brusca, áspera, brutal, tendrá menos influencia sobre él; la esencia de las cosas podrá por él ser mejor aprisionada. Pero, por otro lado, a medida que el espíritu propio, la esencia de su personalidad vive más aislada del mundo exterior, del trato de las gentes, el miedo a perderse a sí mismo, a perder su personalidad, va siendo más profundo, más intenso. Sí, el mundo externo, la realidad, puede robarnos nuestra personalidad; puede llegar un momento en que, ante las cuartillas, no sintamos ya aquella divina emoción que sentíamos antes; no se dará este hecho doloroso de pronto; se producirá poco a poco. ¿Por qué hoy hemos rasgado una cuartilla, y después otra, y luego otra? ¿No escribíamos antes de corrido, alegre y voluptuosamente? ¿Somos nosotros mismos quienes escribimos ahora, o es otro distinto de nosotros?

En la aprensión, en el miedo del poeta, el factor del determinismo material es lo de menos; él sabe, sí, que el espíritu está influido por la materia. Pero existe para él otro mundo más alto, más sutil, de relaciones entre las cosas. No entra el poeta en análisis filosóficos, científicos, de estos fenómenos extraños. Lo esencial es que él percibe cada día, cada hora, cada minuto, que la realidad, la materia, la tosquedad del trato humano, las palabras rudas de amigos y conocidos, los gestos violentos, entran ahora en su espíritu con más fuerza que antes. Y enran con más fuerza, con más ímpetu, porque su sensibilidad, con el continuado laborar, con el constante hábito de las cuartillas, es más aguda, más terriblemente aguda, que antes. Y él percibe claramente, dándose cuenta del hecho, como un enfermo que se diese cuenta de su enfermedad y de su fin próximo; él percibe con claridad que, al tener la entrada libre en su ser la rudeza, la grosería, la violencia ambiente, será difícil, cada vez más difícil, la permanencia en él de lo fino, lo selecto, lo delicado. En suma, su personalidad se irá perdiendo. Ya no será el mismo que era antes. Lo que hacía su persona precisamente lo ha perdido. Por ser más sutil, más sensible, más delicado que los demás, va a tener una penalidad, un castigo que no tienen los demás. La realidad externa, brusca, gruesa, ruda, entrará en esta personalidad, debilitada por la meditación, con más fuerza que en otras.

Y el poeta siente un miedo terrible, angustioso. Y para evitar el mal inevitable, restringe más el círculo de su vida, se encierra más en sí mismo, hace su soledad más densa. Y este remedio que él busca se vuelve contra él. Pero ¿podía este ser sensitivo, mórbido, hacer otra cosa? Si se lo propusiera, ¿podría volver de pronto, como recurso heroico, al estrépito, a la vorágine ruidosa, al comercio frívolo y brutal de los humanos?

No, no podría; para él no hay ya esperanzas; no tiene más remedio el poeta que ir, cada día más, hundiéndose en la soledad, huyendo de las cosas, tratando de evitar heroicamente, con esfuerzos íntimos y trágicos, este posesionarse de su espíritu que la realidad exterior intenta.

Y éste es uno de los aspectos de la tragedia de los grandes poetas.


Extraído del libro "ANDANDO Y PENSANDO (NOTAS DE UN TRANSEÚNTE) 1929" Capítulo XX "Los poetas"

Fin de hoy

Algo frente a ti
desdibuja la noche.
Restos del teatro
que iluminó tus ojos
arden por los pasillos de la vida,
a punto de cerrarse.
Cucarachas de ayer
proyectan sombras todavía:
futuro que se esconde
tras los párpados sin luz.

A qué llamamos “poesía ortodoxa" (postpoesía)


Esta tarde he estado hincándole la vista y el seso a Postpoesía, de Agustín Fernández Mallo; fundamentalmente, un reportaje-denuncia sobre el estado actual de la poesía en España, una relación más o menos persuasiva de su prolongado atraso respecto a las otras artes. Una postpoesía que huye de los viejos posicionamientos y aboga por el eclecticismo del huevo frito, la metafísica del chicle, el valor fundamental de los spam y la basura en una cultura de usar y tirar que la poesía, a diferencia de otras artes, todavía no ha sabido o no ha querido asimilar.

En uno de los subapartados de este ensayo que se titula A qué llamamos “poesía ortodoxa” Agustín hace referencia a la definición que en su libro Singularidades (Bartleby 2006) hizo Vicente Luis Mora de lo que llamó “poesía de la normalidad”. Y eso es lo que he venido a rescatar aquí.



Hay una norma no escrita en la literatura española (en la poesía desde luego, pero admite, con abundantes matizaciones, el trasvase a la prosa), por la que el camino para llegar al éxito requiere una especie de método ascético o de camino de perfección , rigurosa y colectivamente controlado por una pequeña serie de personas, y de cuyo seguimiento al pie de la letra depende ser recibido con todo tipo de parabienes por los mayores y aceptado dentro de los poetas del clan. Esta oligarquía está compuesta por un grupo variable de poetas que ya llegaron, varios editores con distribución nacional y una nómina corta de críticos literarios (…).

En concreto, y en poesía, la norma establece que un joven poeta no deba mostrar demasiada ambición. No debe contaminar la poesía con la teoría ni con otros géneros: el poema “filosófico” está mal visto, así como el epigrama o los textos con nombres propios y referencias demasiado metaliterarias. Es conveniente que en la metapoesía aparezca algún elemento de humor, para evitar rigidez. Si hay alguna preocupación debe acomodarse al estrecho patrón de la poesía mal llamada “metafísica” (…), y no excederlo. El título del poemario será una especie de resumen de las claves estéticas de la obra, para que nadie se pierda. Los poemas han de ser cortos, no más de setenta y no menos de doce versos. debe rechazarse en lo posible el uso de los poemas en prosa. Ha de cerrarse en sí mismo, presentar una clara estructura, tener una factura simbolista, terminar con un corolario de tipo moral, describir ambientes urbanos con referencias utópicas (…) situarse en entornos sociales burgueses de clase media/alta y estar armado siempre en estructura cerrada, inatacable: prohibidas las ideas de flujo o torrente verbal o de conciencia, así como cualquier elemento de corte surrealista. Prohibidas las imágenes visionarias o muy bien atadas. Más alegoría que símbolo. Se intentará hablar de los asuntos cotidianos en un tono de lenguaje coloquial, de modo que las preocupaciones cotidianas del lector medio queden reflejadas en el mismo idioma mental en que éste piensa (…) Pocas o ninguna cita, siempre al principio del libro o de cada parte, de autores consagrados, preferiblemente españoles y que se llamen Machado o Cernuda; Brines para los más jóvenes (…). Medir el uso de Juan Ramón y excluir por completo a Celan, Valente, Bachmann, Huidobro y demás “prestidigitadores” o “funambulistas” del verso. Se prohiben los saltos sincopados, los encabalgamientos no justificados, los espacios en blanco y la ausencia de signos de puntuación. Todos los poemas llevarán título, no demasiado descriptivo ni chirriante y relativo a la sustancia del poema.Todo el contenido del discurso será comprensible, y deberá ser entendido de un solo vistazo, preferiblemente sin necesidad de relectura, sobre un razonamiento hipotético deductivo plano. El libro no tendrá menos de de veinte ni más de sesenta poemas, a menos que sea una antología, y responderá a una estructura semántica global, siendo clasificadas las colecciones de poemas con penas de hasta diez años y un día a silencio mayor. A su vez, la estructura responderá a una idea o sentimiento compositivo, en sintonía con el denominador común de los poemas. Dedicatorias amigables al resto de los miembros del clan y solicitantes mejor situados. Prohibida la inclusión voluntaria de poéticas como no sea en verso y muy levemente alusivas (…) Una vez publicado el libro hay que adoptar una mueca de humilde resignación y declarar que se ha hecho lo que se podido, que no es un poemario ambicioso, que para nada intenta hacer algo nuevo u original, porque esos conceptos son tan caducos como la vanguardia que los generó, y negar toda trascendencia a la publicación (…) Todo el proceso debe estar regido por los principios de contención, corrección política, actitud ligeramente irónica ante el hecho literario y respeto a los mayores.

En esta norma caben todas las tendencias (…)





subversiones

Hay un lugar despedazado ayer
que aquí se manifiesta
y dice llamarse sin nombre,
cuántas veces no habrás comido
pedazos de carne muerta
sin rechistar.

A veces
la piel se rebela
y es necesario anotar su dirección:
calor desdibujado, anhelo
de labios cristal
que rozan madrugadas
con antenas de sueño.

Hay una subversión de letras
en cada poro de la voz,
es preciso perderse muchas veces
para no sentirse abandonado

y es preciso el silencio
para que lo subterráneo estalle
en armonía.

LA POESÍA: EXPLOSIÓN DEL SER POR DEBAJO DEL LENGUAJE Roberto Juarroz

Vivo el poema como una explosión del ser por debajo del lenguaje. Descubro aquí cuatro elementos básicos: explosión, ser, lenguaje y debajo. Podríamos acercarnos a ellos diciendo lo anterior de otro modo: el poema es la expansión abrupta de una realidad fundamental que se genera a través de las posibilidades subyacentes de la expresión verbal y no sólo por medio de la su capacidad significativa inmediata. [...]

Me apasiona la fuerte humanidad de una búsqueda de esta clase, su desafío a las normas y los estereotipos, la densidad de nivel donde se gesta la lucha por la expresión, la intensidad del buceo en las zonas más olvidadas y sin embargo más vivas de lo real, la simbiosis profunda de todas las proyecciones simbolizadoras, la paradójica complementariedad y hasta sincronicidad de lo espontáneo y lo reflexivo, lo dicho y lo no dicho, la victoria y el fracaso, lo esperado y lo inesperado, lo posible y lo imposible, lo uno y lo otro.

Me subyuga el amor que se funda y sustancia en estos espacios vivos y la libertad radical de ese amor, que ya no hace distingos entre expresarse y comunicarse, entre soledad y compañía, entre ausencia y presencia, entre voz y silencio, entre amar y pensar, entre todo y algo. La palabra transfigurada de un hombre solitario puede recoger allí, por abajo, el gesto misterioso y absurdamente magnífico de la humanidad. La poesía puede entonces proyectar ese gesto y abolir en un acto de amor la distancia entre el hombre y los objetos, entre el hombre y la naturaleza, entre el hombre y el hombre, entre el hombre y la muerte. Más que un vacío, esas distancias son el músculo al que es posible dar vida con el nervio de la visión creadora, con el tatuaje inusitado de la palabra en función y explosión de ser, para mover así el mundo. La realidad está donde queremos que esté, donde somos capaces de engendrar una forma.

En el corazón de mi poesía está la creencia en que el pensamiento es más concreto que todo el resto de la materia del mundo. Por eso, en el corazón de mi poesía hay también un rostro.

Toda vida es sólo un amago, el anuncio o comienzo de un gesto. También la poesía es un amago, pero su ademán permanece, como si fuera algo más. El hombre y su lenguaje empujando implacablemente sus límites, desvestidos de todo cuanto no sea límite, desvistiéndose de aquello que ahora lo es. Suprema afirmación, es también lo más cercano a la suprema negación. La grandeza concreta de la poesía, como la de la vida, consiste en no estar hecha. Un salto siempre más allá, el salto que nos hace posibles.



Nota de Ángel Ros: Este texto fue publicado como prólogo a Poèsie verticale (Recontre, Lausanne, 1967). Puesto que se trata del prólogo a una antología bilingüe, se publicó ahí solamente en su versión francesa. La versión en lengua española apareció en la revista Actual (año. 1, n. 2, Universidad de los Andes, Mérida, mayo-agosto de 1988, pp. 121-123), como complemento de un artículo de Ludovico Silva, “Decir de lo indecible: poesía vertical de Roberto Juarroz”, luego reproducido en Roberto Juarroz: Poesía y creación. Diálogos con Guillermo Boido (Carlos Lohlé, Buenos Aires, 1980), de donde he tomado estos fragmentos (el título que aparece aquí es mío).

PÁGINA DE HOMENAJE A
ROBERTO JUARROZ
www.robertojuarroz.com

Regresé a la ciudad

Regresé a la ciudad con la lluvia y el frío
de haber estado en muchos lugares
en los que no existía yo.
Regresé cansado de buscarme en los espejos
y descubrí en el asfalto
una pista de tu piel.
Sentado sobre el ojo de la noche
he presenciado un enigma de charcos
brillantes y labios que muerden
el glande de la luna estéril.
Todos los sexos me empujan hacia ti,
todas las bocas gimen con tu aliento.
Porque he llegado a la ciudad
donde tú habitas,
y nadie puede mostrarme el camino
que desentrañe el misterio
de esta voz.

"El camino no elegido" de Robert Frost y la conciencia del cambio como actitud filosófica

Dos caminos se bifurcaban en un bosque amarillo,
Y apenado por no poder tomar los dos
Siendo un viajero solo, largo tiempo estuve de pie
Mirando uno de ellos tan lejos como pude,
Hasta donde se perdía en la espesura;

Entonces tomé el otro, imparcialmente,
Y habiendo tenido quizás la elección acertada,
Pues era tupido y requería uso;
Aunque en cuanto a lo que vi allí
Hubiera elegido cualquiera de los dos.

Y ambos esa mañana yacían igualmente,
¡Oh, había guardado aquel primero para otro día!
Aun sabiendo el modo en que las cosas siguen adelante,
Dudé si debía haber regresado sobre mis pasos.

Debo estar diciendo esto con un suspiro
De aquí a la eternidad:
Dos caminos se bifurcaban en un bosque y yo,
Yo tomé el menos transitado,
Y eso hizo toda la diferencia.




La conciencia del cambio como actitud filosófica

Por Gonzalo Valdivia Dávila, en 2 de Diciembre de 2008

Robert Frost (1874-1963) es un poeta modernista norteamericano que tuvo presente la filosofía y la sencillez en su poesía. Frost busca expresar verdades inmutables en su poema El camino no elegido, ya que está reflexionando sobre las leyes del cambio en la naturaleza. Este poema sigue el postulado de Heráclito de Efeso de que nadie se baña dos veces en el mismo río, porque este cambia y sus aguas están en movimiento. Además quien regresa del río también cambia por esta ley inmutable.

El poeta pasea en el bosque, tiene la opción de escoger dos caminos en una bifurcación de la senda. Elige el menos transitado, pero piensa en las posibilidades que le hubiera deparado tomar el camino no elegido. Es conciente de la diferencia, de que esta elección se perpetúa hasta la eternidad en causalidades muy sutiles que no afectan mayormente el devenir de las cosas pero que sí son captadas por su sensibilidad. El poeta concluye que habría tomado cualquier camino, pues se veían similares esa mañana.

La influencia de Heráclito: Heráclito postuló la ley del cambio, planteó un relativismo en el espacio que consideró sujeto a influencias mínimas de una serie de decisiones que interactúan entre sí y producen efectos de toda dimensión. Robert Frost tuvo que elegir en su vida dejar el camino de la abogacía en 1899, por motivos de salud; esta elección le valió volverse poeta y conocer amigos escritores de renombre como Ezra Pound. La vida para el poeta es una toma de decisiones que repercuten a la larga.

Frost piensa que el camino descartado podrá tomarlo otro día, el camino que toma es tupido, requería uso, es como si el se sintiera destinado a hollarlo para actualizarlo como camino en el universo. En un momento se siente tentado a caminar hacia atrás para regresar al camino desechado, pero eso habría sido un esfuerzo inútil en una vida que de todas maneras le impone decidir.
Si todo cambia, el camino que no usó hoy también cambiará mañana, pero estará en el mismo lugar que el identifica y reconoce parte de su experiencia vital. Esta ley del cambio de Heráclito tiene que ver con la ley del efecto mariposa, de la posibilidad de consecuencias impensadas en un proceso minucioso de causalidad. Se piensa en el constante fluir de los elementos del cosmos, donde la permanencia es una ilusión y las acciones que tomamos condicionan nuestro fluir hacia algo último.

La responsabilidad de la elección: Todos los días tenemos que decidir entre lo bueno y lo incorrecto. Las consecuencias de nuestros actos son nuestra responsabilidad, la marcha atrás es un desperdicio de energía, por eso se necesita ponderar las decisiones trascendentales. Con todo respeto por la carrera de Derecho, yo también la dejé para ser literato y egresar en ella, las mieses recogidas por mi verdadera profesión hacen imposible que me arrepienta de mi decisión.
Un camino de vida responde a nuestra verdadera esencia, a nuestro ethos, nuestra razón de ser, nuestro modus vivendi y modus operandi. Una elección forzada o contraria a nuestra naturaleza y personalidad es una negación de nuestro yo. Las elecciones importantes deben ser pensadas, sin embargo las decisiones banales como elegir un camino por el cual transitar como acción rutinaria son momentos que nos permiten libertad y espontaneidad para escapar de la rutina.
Sólo cuando el camino es trascendente, no hay forma de dar marcha atrás sin haber experimentado un cambio. La vida es un acumular experiencias y conocimientos, de modo que el rol que una persona siguió en su etapa formativa podrá ser abandonado y cambiado pero siempre condicionará el ethos por la suma de puntos de vista y papeles desplegados en la trayectoria vital. El cambio es un sistema para acrecentar variables, acumular puntos de vista y análisis y modos de proceder.

La elección del camino más difícil: Frost eligió en su vida el camino del arte, mucho más arduo y menos recorrido por el común de la gente. El ya sabía como era el derecho en tanto carrera, ya no lo continúo otro día aunque sabía que era predecible. “Aun sabiendo el modo en que las cosas siguen adelante”, hubiera prefigurado su vida con facilidad de continuar para abogado; mientras lo que siguió en la literatura era difícil de vislumbrar, pues el futuro implica constante movimiento.
Las recompensas de la literatura no están en el éxito comercial, ni en ganar litigios, lo único que se vence es la tendencia a emplear el lenguaje común para hacerse dueño de un hablar elevado. La conciencia de seguir el camino del arte no supone el desprecio hacia otras profesiones, pero sí la certeza de estar en el oficio que impone más azares y sacrificios para recoger el fruto de la producción literaria. En las letras no todo es el reconocimiento público, es gratificante sí, pero consecuencia del camino elegido.
Frost está en un bosque cuando se bifurca su camino, está recordando su juventud ante la disyuntiva que se le planteó entre las leyes y las letras. El bosque es el espacio ideal para el arte, se lo puede transitar con un leve estado de conciencia, o se puede penetrar en sus caminos ignotos para profundizar en su misterio. El camino no elegido será un simple recuerdo de lo que pudo ser y no se realizó, guardándolo como referente de evocación para su poesía.
Conclusión: Frost poetiza sobre las decisiones trascendentes de la vida, ocultas bajo la aparente cotidianeidad, pero que repercuten en nuestro destino, condicionando nuestro ethos o ayudándonos a potenciarlo. El arte es la más significativa decisión, pues se asume el gozo estético y también el sacrificio que requiere el dominio de la técnica, la asimilación de un lenguaje depurado, la dedicación a aprender misterios trascendentes para luego comunicarlos, el arte difícilmente tiene marcha atrás.

La decisión del poeta de seguir el camino del arte implica una conciencia de la realidad circundante, su pasado, presente y futuro con todas sus potencialidades de expresión, ya que está atento al cambio en la naturaleza, en su ethos y en el arte que ha venido dominando a costa de innumerables sacrificios y vuelcos en la vida.

Solidaridad, por más que reflexionaba no encontraba sentido a aquella palabra, acababa de salir del metro y la mujer horrible cuya mirada estuve evitando durante todo el trayecto intentaba abrirse paso entre la multitud empujando un carricoche, distante observé a un grupo de señoras mayores que echaban mano al bolso antes de proseguir con el marujeo a plena luz del día, protegido por los auriculares pensaba en esa palabra y subía las escaleras hacia la calle llamando a las puertas del cielo. De vuelta al barrio he estado fumando, desde esta situación puede admirarse la suciedad cotidiana que destila el engranaje de la vida diaria, me gusta sentarme en esta plaza cada tarde y contemplar el espectáculo mundano del que participo la mayor parte del tiempo, no sé si será justo considerarme cómplice por ejercer la voluntad pasiva, tanto tú como yo asumiríamos el mismo grado de responsabilidad en ese caso. Lo único que puedo hacer es contarte lo que ha sucedido al apagar mi cigarro, creo que no puede haber solidaridad sin confianza y ese es el verdadero problema de toda esta historia: ahí fuera sólo quieren una verdad convincente, serán solidarios contigo hasta que esa verdad deje de vender lo que ellos quieren oír. Al incorporarme para continuar mi marcha le estaban pateando la cabeza a un pobre hombre, lo había visto tumbado sobre una manta en el soportal de la esquina. La verdad personal, tanto la mía como la tuya, no está en venta y no va a ser fácil que encuentres a alguien dispuesto a escucharla. He oído los golpes y algunos gritos e incluso a duras penas se podía apreciar desde aquí la sangre que le caía de la frente, pero he tenido que esperar a que esos terroristas acabaran su faena para poder socorrerle en persona. Sé que no soy un héroe, consciente de que formo parte de la gran mayoría que contribuye al engranaje a veces pienso que esta misma corrección política y ciudadana, esta planicie que no es otra cosa que debilidad enmascarada es la que realmente nos hace insolidarios. Además todo el mundo sabe que a este tipo de individuos hay que combatirlo con las armas del Estado, y yo no soy policía. Ha muerto esta mañana, no me dijeron su nombre pues me limité a llamar al SAMUR como haría cualquier ciudadano correcto, quizá deberías sentirte un poco como yo tampoco quiero sentirme.

(ecos y susurros)

La palabra se desliza lenta por tu oído
sin ningún tipo de forma
que la haga impermeable,
cuando llueve se moja hasta la voz
que intenta transportarla
y alguien llora en los estanques.

A veces, por alguna extraña asociación,
has llegado a confundirte
abrazando abecedarios y nombres:
siluetas externas de un camino con raíces,
palabras dibujadas con tiza en la roca,
recuerdos sin voz que borrará la escarcha
cuando abras los ojos.

Yo prefiero que los cierres,
y sientas cómo baja el sonido
hacia el niño enterrado que oye
secretos de luz en la distancia.
Ecos y susurros resuenan
en la entraña del campo,
donde habitan los primeros signos.

The excursion - Prospecto, de William Wordsworth

La excursión

Prospecto

«Cuando medito a solas en el hombre,
en la naturaleza, en esta vida,
veo alzarse ante mí series de imágenes
que acompaña un resquicio de delicia
pura, sin mezcla de tristeza. Y soy
consciente de afectuosos pensamientos
y de gratos recuerdos que sosiegan
el alma que desea sopesar
el bien y el mal en nuestra condición.
A estas emociones -sobrevengan
por una circunstancia sólo externa
o de un impulso propio del espíritu-
quisiera dedicar copiosos versos.
Verdad, amor, belleza o esperanza,
miedo o nostalgia por la fe domados,
palabras de consuelo en la tristeza,
fuerza moral, poder del intelecto,
alegría esparcida por el mundo,
espíritu del hombre que mantiene
su ascético retiro, solamente
sujeto a la conciencia y a la ley
suprema de aquel Ser que todo rige,
esto canto. ¡Que encuentre mi auditorio!»

Así rezaba el bardo en su sagrado
arrobamiento. «¡Urania, necesito
la guía de una musa, si es que hay tales
y la tierra o el alto cielo habitan!
Porque he de fatigar oscuras simas,
hollar profundidades y otros mundos
para los que el Azul no es más que un velo.
Ningún terror o fuerza indescriptible
que haya cobrado jamás una forma,
el mismo Yahvé, su trueno y sus ángeles
canoros en los tronos del Empíreo,
ninguno temo. Ni siquiera el Caos
ni el más oscuro pozo del Erebo
ni el vacío insondable que los sueños
escrutan, me provoca este temor
que cae sobre nosotros al volvernos
hacia el alma del hombre, mi obsesión
y región principal de este mi canto.
La belleza -presencia de la tierra
que supera las más hermosas formas
que el arte haya compuesto con materias
terrenales- vigila mi trayecto,
prepara el campamento mientras ando
y me sigue de cerca. Paraísos,
Campos Elíseos que en el Atlántico
se buscaban antaño ¿por qué deben
ser sólo crónica de un mundo extinto
o una mera ficción, jamás reales?
Porque cuando el intelecto del hombre
Desposa este universo de hermosura
con amor y pasión, los halla como
un hecho cotidiano cualquier día.
Antes de la hora definitiva
cantaré solitario la alegría
de este gran desposorio y, con palabras
que tan sólo refieren lo que somos,
despertaré al sensual del mortal sueño
y al vacuo y vanidoso propondré
nobles empresas, mientras mi voz canta
con qué delicadeza el alma humana
(quizá también las mismas facultades
de la especie en conjunto) se conforma
a este mundo exterior; y al mismo tiempo
-tema éste olvidado por los hombres-
cómo el mundo se adecua al alma humana.
También he de cantar la creación
-no merece otro nombre- que esta unión
puede alcanzar: es éste mi argumento.
Con estos mis propósitos, si a veces
me vuelvo hacia otra parte -con las tribus
y pueblos de los hombres, donde abundan
recíprocas pasiones de locura,
oigo a la Humanidad cantar su angustia
en los campos, o rumio la tormenta
del dolor, refugiado ya por siempre
en la ciudad- que suenen estos versos
ante oídos benévolos y yo
no sea despreciado ni abatido.
¡Desciende, aire profético que inspiras
al alma con la voz del universo,
soñando el porvenir, y que posees
un templo en los henchidos corazones
de los grandes poetas! Vierte en mí
el don de la visión y que mi canto
brille con la virtud en su lugar,
derramando benéfica influencia
segura de sí misma y siempre a salvo
del efecto fatal que nos envían,
desde el mundo inferior, las mutaciones
que acechan a lo humano. Y si con esto
mezclo asuntos más bajos (el objeto
contemplado y la mente que contempla,
el qué y el quién, el hombre transitorio
que tuvo esa visión, el cuándo, el dónde
y cómo fue su vida) no habrá sido
en vano esta tarea. Si este tema
roza objetos más altos -¡pavoroso
Poder cuyo favor es la semilla
de la iluminación!- que mi existencia
sea imagen de un tiempo más perfecto,
maneras más sencillas, más juiciosos
deseos. Nutre mi alma en libertad
y puros pensamientos: sea entonces
tu amor mi guía, alivio y esperanza.


Versión de Gabriel Insausti

W. H. Auden - OTRO TIEMPO (dos poemas)

CAPITAL

Barrio de placer donde los ricos están siempre esperando,
esperando costosamente que ocurran los milagros,
restaurante de luz tenue donde los amantes se comen el uno al otro,
café en que los exiliados constituyen un pueblo malicioso:

Con tu encanto y tu aparato has abolido
la severidad del invierno y el impulso de la primavera;
lejos de tus luces el agraviado padre punitivo,
la mediocridad de la simple obediencia es aquí evidente.

Y así con tus orquestas y miradas, en seguida nos entregas
a la fe en nuestras fuerzas infinitas; y el inocente
pecador que no cumple cae pronto
víctima de las invisibles furias de su corazón.

En calles sin luz escondes lo espantoso;
fábricas en que las vidas son hechas para uso temporal
como collares o sillas; cuartos en que los solitarios,
lentamente y a golpes, son moldeados hasta formas casuales.

Pero el cielo que iluminas, tu resplandor, es visible desde lejos
en el oscuro campo, enorme y frío,
en donde, insinuando lo prohibido como un tío malévolo,
noche tras noche atraes a los hijos del campesino.


EL NOVELISTA

Metido en su talento -un uniforme-
se sabe siempre el rango del poeta:
nos pueden asombrar como tormentas,
o vivir solos, o morir tan jóvenes.

Arrasan como húsares; pero él
lucha contra su don pueril y aprende
a ser poco atractivo, arduo, ése
a quien la gente ni se gire a ver.

Pues su objetivo mínimo le exige
que llegue al mayor tedio y se someta,
entre otros, al mal común de amores.

Justo entre justos, vil entre los viles,
en su débil persona él acarrea
sordamente los males de los hombres.


Extraídos de OTRO TIEMPO W. H. Auden Versión y prólogo de Álvaro García. Editorial PRE-TEXTOS Colección "La cruz del sur"

OTRO TIEMPO, publicado en 1940, es un libro de transición entre las dos etapas del poeta, que aquí implica su verso en un orden verbal contra las tiranías, políticas o no. Desde una convicción de que la poesía no puede cambiar las cosas, expresada en el intenso poema "En memoria de W. B. Yeats", este libro presta irónica voz a los fascismos y canción sin ironía a los perseguidos por Hitler -como su amigo el dramaturgo Ernst Toller, que se suicidó una vez a salvo, en el exilio- y a todo el dolor humano de un tiempo que, al cabo de medio siglo, no es tan otro como querríamos. Una impecable técnica, que es algo más que métrica, y una transparencia en la que no se habla de un hombre, sino del hombre, hacen de OTRO TIEMPO un libro brillante y necesario, clásico por vivo y, en suma, magistral.

W. H. Auden (York, 1907 - Viena, 1973) es, sin duda, uno de los mayores poetas del siglo XX. Tanto en su etapa inglesa, izquierdista y de poemas vigorosos, claros, breves y llenos de encanto, como en una segunda, estadounidense, en la que amplía el poema en extensión y en pensamiento o miras religiosas -dos etapas que tienen en común la elegancia de su técnica y el frecuente sentido del humor-, Auden fue un renovador de la poesía en inglés, a la que aporta versatilidad, lenguaje coloquial y estilo "mandarín", perplejidad y certeza, naturaleza y reflexión urbana.
Hiere el faro luna
esta ciudad de ojos
ávidos de ternura
y ciegos de nostalgia puta:
la noche es una herida inmensa.
Olvidé olvidar sendas
de opio en campos sin luz,
hoy raíces muertas
de sensaciones fugaces
componen esta antártida
y el cosmos del latido yo.
Huellas abismo y mito
en la memoria de los días.
Al principio no tenías nombre,
y tu rostro era tan nuevo
que hasta los espejos se sentían extraños de mirarte.
Bajabas la ladera
despeinando a la noche entre miradas
y aquí, junto al aljibe seco,
te detuviste unos meses contra mi memoria
y me mataste.

Y así fue que nací,
entre libros y besos
fui forjando la palabra que no te definiera,
el amor que no significara,
la certeza de no hallar más que incertidumbre
en cada pliegue de esa infinitud.

Pasaron los años con sus nombres y apellidos
intentando fraguar un concepto de ti,
y yo seguía
en la nube vorágine de días aplazados y sin tiempo
jugando con un pelo de onírico algodón
que aún late con sabor a paraíso
en cualquier lugar,
ajeno al movimiento lógico de la existencia.

Porque cualquier lugar
y cualquier fecha
sirven de pretexto a lo que es fin
y origen diseminado en el transcurso
de algo que se llama sin nombre
y sin verbo actúa
rompiendo las reglas naturales del lenguaje.
Ella
y viejos libros que inspiren
este amor perdido
con miedo a olvidarse y ser nadie,
o ser el mismo siempre
yo
usando la ironía
para amortiguar los nervios
y fingir que entero ando
por la existencia y su deseo atroz
de pertenecernos mañana
o ahora.

cansancios

Hace frío en familia,
fuera empieza a llover
y dicen que es demasiado tarde
para hacer las maletas.

Aquí dentro existir
no puede soportarse,
allá lejos no existe
aunque a veces lo crea.

He oído el peso del mundo
que transita lento y en contra,
es una desidia que se repite,
insuperable en términos reales
y atroz como literatura dócil.

Partiré hacia otros brazos
cuando las preguntas se quiebren
y el silencio haga luz
y camino.

Hay queda otra muestra de fe
contra el frío...

pero esta monótona repetición de letras
no sirve para nada,
prolongarla es agravante,
el fin del peso es el peso del fin,
afuera siguen diciendo que es tarde
con más fuerza todavía.

Escribir es un error de la naturaleza,
sólo los animales respiran en paz
y los muertos descansan.

Voy a fumar gauloises,
me gusta mirar el humo
paralizado en todo lo que puedo ser,
lo que dentro me mata
y me empuja a un afuera imposible.

La belleza es lo inmóvil,
una simple calma pasajera...

fuego, y luego humo...

hasta que la voluntad diga adios
y mate para siempre
conmigo este cansancio
eterno.
La verdad se escribe con sangre
a fuerza de deseo
en el umbral del abandono.
Prepárate para la soledad,
ten el valor suficiente para asumir
que no existe legado
sino una suerte de azar cambiante.
Lo que hoy es hogar y verbo
será cárcel un día.
No aceptes un trabajo ordinario
ni comprometas tu tiempo
en ocupaciones sin arte,
sólo los necios se hipotecan.
Aprende a convivir con el vacío
pues es oxígeno que nunca falta,
aprovisiónate de letras
en días sospechosamente ambiguos
y visita el mar todas las tardes.
Si alguna vez esa verdad
con su deseo aflora victoriosa
será cosa de los dioses
que creyeron en ti.

Hotel Beirut

Huele a casa en Beirut,
y pensar que al andar
por Murcia o Valencia conmigo
uno se siente extraño.
Entre ambas capitales
perseguido y hermético
por consenso de la multitud yo.
Al bajar del barco he mirado hacia atrás
y el puerto ha disparado en mis ojos,
alguien fue herido también
hace no mucho tiempo.
He caminado por barrios
cuyos cimientos hoy
eran heridas ayer,
porque vivir transpira
sin confundir lo que fuimos.
El capital y su desmadre
le sienta bien a esta ciudad conmigo,
porque cuando cierran los bares
y me pongo triste
lloramos juntos frente al mar
cuyo secreto compartimos.
Aquí se acaba la historia
y se reinventa la teoría de la nada.
Pero no nos engañemos,
la paz en nosotros siempre fue una utopía
que nos produce carcajadas.
Lo sabe quien nunca tuvo ciudad

viajando
desde otra estación
al sueño fragmentado
que desembocaba en humo
de calles sólo suyas.

Quien lo entiende despertó en llamas

vagando
por anónimas bibliotecas
en busca de amuletos

y tal vez de sueños
------------------------------------------con sabor a isla
donde naufragar para siempre.

Hispania

Ágil, belicoso, inquieto. Hispania es distinta de Itálica, más dispuesta para la guerra a causa de lo áspero del terreno y del genio de los hombres.
Tito Livio


“El numen de estos campos es sanguinario y fiero:”

Antonio Machado



A orillas del tajo
el viejo molino
entre maleza oscura
y árboles pelados
deslumbra al paseante
de olvidadas tierras
que viaja para rescatar
otro tiempo a su paso.
No sabe que otro tiempo
es este, el mismo lugar
de ayer y de mañana
que vive junto a sus hermanos.
Porque estos parajes
son lo que fueron siempre,
paisaje de yugo y cadalso
deteniendo el reloj
para que nunca muera Caín.

Todas las mañanas del mundo

Todas las mañanas del mundo
un hombre abandona su casa
sin despedirse y piensa
que es un error ir al trabajo
cada día olvidando
quién es, qué busca, absurdo
intenta rehacerse en la acera
y no maldecir trajes,
documentos, maletines y jefes.

Todas las mañanas del mundo
un hombre acaricia la luz,
paladea un café
y busca a esa chica
con nombre de ciudad
que todavía cree en los flechazos.
Allí le espera el mar
y una nueva familia
de desconocidos habitantes
que apuesta por el miedo.

ausencia trasnochada

He venido a amortiguar
el peso que transportas
en cada paso dócil
de amaneceres rotos.
Tenías los ojos ásperos
y tu cuerpo de abismo
despreciaba los frutos
de una especie inconsciente y concreta.
No sé donde olvidé
la memoria de tu nombre,
la chispa primera
que sacudió semillas
difundiendo sombras de ausencia.
Supo el que fui un día,
por recovecos de nostalgia
supo que llegaría aquí
para morder sin fuerza
las cenizas de otro tiempo.
Hoy la madrugada
me arrincona entre nombres
y cuerpos sin sentido,
como el sórdido cadáver
que acariciará el polvo
cuando solo quede el miedo
y la nada.
Escribir como canto de gallo en la mañana

y descubrir pinchos

agujeros

sangre

la magia que el amanecer deshace.


Dónde vas, te me estás muriendo
en jaurías de ejecutivos
que calculan los intereses
de tu lindo trasero.

Dónde has dejado tus sueños de pájaro,
la mirada con sabor a luna,
las palabras con olor a mar.

Las máscaras que empleas
te están arrancando los ojos,
tienes la sonrisa de metal cansada,
el fuego de tu vida no arde.

Mientras tanto esta noria continúa
sin que nadie recuerde tu nombre.

CENIZA EN LAS BRASAS



Uno

Si alguna vez pedí perdón no tuve excusas para resarcirme luego de lo que no era sino la propia derrota por mí anunciada de un amor al que me entregué en la sombra, y cuya realidad era muy discutida en las altas horas de esta soledad que, enmarañada a aquella figura de mujer, se derramaba en mis pestañas junto al tenue latido del atardecer moribundo. Cuando me sentaba ahora en el borde de la cama en la que pude haberla retenido horas antes de su marcha simplemente me quedaba mirando el techo de aquel cuarto desahuciado con la lamparilla apagada y sus persianas cerradas por completo, podía comprender así lo que significaba la terrible oscuridad de haber amado algo que ha muerto para siempre en el mundo de lo sensible pero que sin embargo persistía en mi memoria, como esa mancha pura que el incienso del anochecer iba introduciendo poco a poco en el aire.

Aquella ropa que iba sacando del armario con sutileza conservaba el olor de ese perfume que tantas veces había presentido antes de abandonar la casa de mis padres, las faldas en las que con tanta ternura me había refugiado para abrazarme a sus piernas y que ahora se despedían de mí con crueldad y apenas una milésima de cariño. Ni siquiera me había preocupado su actitud cuando comenzó a gestarse lo que más tarde sería una marcha definitiva, cuando con rostro indeciso me clavó aquella mirada y me susurró al oído que no era más que un fracasado. Era obvio que ya por entonces empezaba a estar un poco harta de mí. Pero en aquellos momentos no era consciente de lo que estaba sucediendo a mi alrededor, me pasaba las tardes desquiciado frente a la pantalla del ordenador intentando escribir algo parecido a una primera novela, la mesa estaba repleta de libros apilados contra la pared y notas sueltas con frases quizá geniales. Ella no podía soportar mucho aquella dinámica, ahora empezaba a comprenderlo, apenas me dirigía la mirada o la palabra y, en un primer momento, la incitaba a que saliera sola por ahí. Me pareció buena idea que fuera a divertirse un poco con alguno de sus viejos amigos, intuía en sus ojos el cansancio de la rutina que con el tiempo aflora en cualquier amante. Poco a poco llegaron los días en los que no me daba cuenta de cuándo se marchaba de casa, simplemente oía un portazo mientras seguía enfrascado en la trama de este rompecabezas sin fin.




Dos

Aquel verano lo pasamos en la ciudad. Había sido un año de escasez y el presupuesto no nos daba para viajar o pasar una temporada en la costa. Ágata tenía razón: las cosas no salen siempre como uno imagina, no somos seres aislados ajenos a todo lo que sucede alrededor. Días después nos comunicaban que su madre, una mujer viuda que vivía a las afueras, tenía las horas contadas a causa de un cáncer en estado avanzado. Supe entonces que las vacaciones habían terminado para nosotros. A las pocas semanas de la noticia discutimos sobre la posibilidad de que Sole se trasladara a nuestro apartamento. A mí me pareció una idea nefasta que no me atreví a manifestar abiertamente. El hospital quedaba cerca y era su única hija, de modo que no tenía ninguna razón para oponerme que no se pareciera a la rabieta de un niño malcriado.

Aquel verano lo pasamos en casa. Ágata cuidaba de su madre enferma como si se tratara del bebé que jamás nos atrevimos a tener. Yo mientras tanto ordenaba las estanterías de libros intentando olvidar una ciudad con los termómetros a 39 grados. En el hospital dijeron que no duraría más de dos semanas, así que ya me veía en el funeral sin ningún tipo de remordimiento e incluso con cierto sentimiento de alivio. No quería imaginarlo, la culpa es una gran mentirosa que siempre guarda una bala para el tipo más inocente.



Tres

A las dos semanas salíamos del cementerio, apoyada en mi hombro intentaba hallar consuelo al vacío que la muerte de su madre dejaba, me sentía como el jugador de póquer que gana la última apuesta en un farol contra los parroquianos de turno. La diferencia es que yo era un buen tipo y hasta entonces esa no había sido nunca mi forma de pensar las cosas. No le deseaba la muerte a aquella pobre mujer, sólo quería que Ágata volviera a ser la de antes.

- Ha sido mejor así – le dije

Creo que ni siquiera me oyó.


Cuatro

Ha estado vomitando toda la noche, después me ha contado retazos de recuerdos que le venían a la mente, cuando el cansancio ha cerrado sus ojos me han entrado ganas de dejarla sola. Ella no se imagina hasta qué punto puedo llegar a aborrecerla en momentos así, yo soy el primer sorprendido cuando este sentimiento me invade. Ahora lo he descubierto como si nada, quizá son cosas que vienen desde lejos pero uno nunca lo advierte hasta que la súbita intuición forja la realidad que se avecina. Ágata empiezas a ponerte pesada con tus recuerdos y tus pesadillas, y no soy un frontón ni un espejo. Pero ella duerme y mientras limpio el baño quizá esté soñando con su prototipo de hombre-hombro, estoy seguro que apareceré yo en esa imagen onírica. He encendido dos velas antes de sentarme a escribir. A las doce tenía un par de llamadas de un número desconocido, he estado devolviendo la llamada pero nada. Quizá era mi Aga la que llamaba, me he metido en la cama con sus sueños de ultratumba.


Cinco

No estoy completamente seguro si se trataba de un recuerdo o si era más bien una pesadilla, en circunstancias así es difícil mantener una pauta constante tanto en la atención de la memoria como en la disciplina creativa que aquel proyecto me exigía. Ágata se levantaba con el pelo revuelto y me miraba cariñosamente después de andar unos pasos hasta la barra plegable que nos servía de mesa en todas las comidas, seguidamente volvía de nuevo hacia la cama donde la esperaba con esa extraña y bella sensación que sólo en determinados instantes se desata en nosotros como un ideal puro del deseo. Sentada en un borde del colchón me acariciaba el brazo con ternura, en ese momento yo cerraba los ojos. No sentía el dolor pero algo como un cuchillo atravesaba mi pecho y la sangre brotaba incesante, derramándose con lentitud por toda la colcha.

Era la segunda vez que aquello me sucedía en una semana, despertaba tembloroso y sudando como un cubito que se derrite. El calor me asfixiaba, tenía que salir al pequeño balcón con un cigarro entre los labios apretados y fijarme en los niños que abajo jugaban, inconscientes como la paloma que picaba algunos restos de comida. Luego miraba el cielo, opaco, con extraños nubarrones aplacando la luz.

Definitivamente este verano no estaba siendo bueno. Me venían al encuentro como golpes otros períodos más felices de mi vida, por las mismas fechas, sentado en el acantilado junto a Lucía, buceando en el fondo de un mar que progresivamente caía en el olvido, rebuscando conchas y piedritas entre la blanca arena, sentados frente a frente juntábamos nuestros descalzos pies y nos susurrábamos barbaridades… pero de aquello hacía ya una eternidad, quizá lo estuviera reproduciendo de una forma distorsionada... mi cigarrillo seguía consumiéndose , la ceniza se derramaba sobre el techo de una furgoneta negra, yo jugaba con la idea de lanzarme tras ella y caer desplomado: una muerte más merecida que la de aquella horrible pesadilla sin duda, sonreía medio asustado, luego me metía para dentro y esperaba a que ella regresara para contarme sus estupideces. Pasaba horas estudiando la manera de rogarle un simple abrazo, estaba desconsolado, cuando oía la puerta ya no tenía fuerzas para dirigirle una palabra, rotundamente había asumido aquello que le advertí. “déjame espacio, necesito mi tiempo, tengo un montón de ideas ya verás, déjame solo, en serio, corre a divertirte y olvídame por una temporada”. En cierto modo era el único culpable de mi propia situación, aquello empezó a generar un odio incontrolable hacia la que en otro tiempo fuera mi mejor amiga y amante, la misma mujer con la que tanto había compartido, la misma que ahora ni siquiera me miraba al cruzar hacia la habitación que decoramos juntos, todo había sido un error de mi parte, poco a poco el silencio iba alimentando un rencor insaciable contra el que intentaba luchar inútilmente, cenizas y lágrimas empezaron a inundar así el ritmo de todos los atardeceres.


Seis

Volvió a llamar el número desconocido. Era Santiago que quería verme, quedamos a las seis frente a la estación. El lugar era acogedor y tenía una decoración de contrastes entre rústico y moderno, solía ir ahí con ella cuando nos conocimos. Santi llegó al rato, me dio una palmadita en la espalda y tomó asiento.

- ¿Cómo va eso?

- Bien.

- No tienes buena cara. – dijo.

- No estoy para que hagas de abuela conmigo a estas alturas, cómo lo llevas tú.

- No me puedo quejar, sigo en el mismo trabajo, como siempre.

- ¿Y Ana?

La camarera puso una cerveza sobre mi lado de la mesa mientras Santi pedía un cortado.

- Me da a mí que no tardaremos mucho en irnos a vivir juntos – dijo al rato.

- Me alegro, de verdad.

- Oye... no hace falta que te diga que estamos a tu disposición para cualquier cosa que necesites.

- No sé, últimamente lo único que hago es escribir y hace un calor insoportable, Ágata ya no me dirige la palabra – le confesé.

- Ágata? – preguntó extrañado.

- Sí.

- Pero César. ¿Seguro que te encuentras bien? – dijo con el rostro desencajado.

- Te repito que sí, ¿qué te pasa?

- Sabes tan bien como yo que Ágata falleció antes del verano.

- Mira Santi, no he venido aquí para discutir contigo.

- ¿A qué te refieres?

- Me refiero a que ella vive conmigo desde hace ya casi un año, su madre ha muerto recientemente y no estamos pasando una buena racha, eso es todo.

- Sinceramente creo que deberías buscar ayuda, hay muy buenos especialistas por esta zona.

- Que te jodan Santi, pensaba que eras mi amigo, no me vuelvas a llamar para estas cosas – le grité mientras me dirigía a la barra.



Pagué mi cerveza y salí rápidamente de aquel antro. En ese momento no tenía ganas de volver a casa, así que he estado paseando por esta ciudad en busca de sus huellas. Sobre las diez he regresado aquí. Llevo terminando esta historia desde entonces, escribo y a cada palabra ella aparece con más fuerza en mí. Ya no hay distancia, me está pidiendo que acabe. Cierro los ojos y algo como un cuchillo me atraviesa el pecho. No existe ningún dolor en este punto y final que su mirada dicta.

Prólogo de "CARMEN Y LOS ÁNGELES"


Hay versos que se gestan en las bibliotecas, entre aburridas clases de Literatura y almuerzos vespertinos o en la monotonía de una inexcusable jornada laboral completa. Son, por lo general, disquisiciones teóricas envueltas en rígidas formas, cantos razonados que de antemano pretenden un objetivo para con el lector, intenciones trabajadas para un determinado fin literario. No se adivina una lucha al otro lado, una fuerza situada en un tiempo irremediable y en un espacio hostil, el latir de esa voz en el poema lírico con sus anhelos, pasiones y miserias.

Existe, sin embargo, otro tipo de poesía que se gesta detrás de los escenarios y de los viajes, de los besos de mujeres que impulsan a la búsqueda del fuego o en el profundo anhelo irremplazable de un ideal que huye. En ese sentido, bebe a partes iguales de los juglares y del condenado silencio que la existencia en ocasiones nos propina. Son poemas extraídos de las profundidades de la acción, de esos discretos pozos situados de forma inconsciente en cada movimiento de la voluntad y del deseo. Ese tipo de poesía electrizante y un tanto encriptada es la que aparece en “Carmen y los ángeles”, un conjunto de poemas hecho a sí mismo en la interiorización de un mundo personal que corresponde al de su propio autor.

Aquí encontramos la voz desencadenada de una existencia cuyas pulsiones se han ido erosionando por los acontecimientos de una realidad material insípida, obligado a refugiarse en un lirismo nostálgico y desenfrenado el tema central del amor en ocasiones correspondido no encuentra con todo puerto en lo esencial de su anhelo primigenio, una imposible vuelta a las raíces se convierte en la obsesión de una poesía que suena con reminiscencias del romanticismo más puro, hilando con un lenguaje elevado y cierto refinamiento formal poco usual hoy en día.

Carmen (y los ángeles) como icono de esa esencia virgen, raíz a la que aspira el poeta de forma permanente en su insaciable búsqueda que se extiende desde la pulsión sonora del rockabilly - siempre presente en la vida de nuestro autor- hasta la silenciosa criba de emociones desbocadas que aterrizan en esta singular obra.



José Antonio Pamies

un poco de teoría antes de seguir

"En efecto, el historiador y el poeta no se diferencian por decir las cosas en verso o en prosa (pues sería posible versificar las obras de Heródoto, y no serían menos historia en verso que en prosa); la diferencia está en que uno dice lo que ha sucedido, y el otro, lo que podría suceder" Aristóteles

"Junto a la experiencia de la filosofia, la del arte representa el más claro imperativo de que la conciencia científica reconozca sus límites" Gadamer

"Todo en la obra es significante, susceptible de significar. El libro es un mundo y el crítico experimenta ante este mundo la misma sensación que el escritor ante el mundo real. La crítica es una lectura profunda, participa de la interpretación, pero lo que descubre en la obra no es un significado, sino solamente cadenas de símbolos, homologías de relaciones: el "sentido" de la obra no es finalmente más que una floración de los símbolos que constituyen la misma. La crítica únicamente toma conciencia de sus límites: no puede pretender ni descubrir una verdad, ni agotar los significados de la obra" Barthes

"La interpretación desarticula en piezas sueltas lo que en su sentido originario está enigmáticamente unido. El misterio que flota en toda manifestación lírica no puede ser jamás revelado por la interpretación. Pues lo que es único reviste tal grado de intimidad que permanece siempre inaccesible al espíritu dotado de la mayor sagacidad. Lo mismo que un rostro es siempre más elocuente que cualquier estudio fisiognómico, y un alma es siempre más profunda que todo intento de esclarecimiento psicológico" Emil Staiger

"Tal es la virtud de la poesía: revelar el ser de la existencia no como algo pensado en general, sino como algo que se ha vivido una única vez; no como una cosa en la que se medita abstractamente, sino como ser concretamente contemplado."
Pfeiffer

"Aunque la experiencia verbal es común a los poetas de todas las épocas, desde el romanticismo se convierte en lo que llamamos conciencia poética: una actitud que no conoció la tradición. La poesía moderna es inseparable de la crítica del lenguaje, que, a su vez, es la forma más radical y virulenta de la crítica de la realidad. El poema no tiene objeto o referencia exterior; la referencia de una palabra es otra palabra." Octavio Paz

"Actualmente estoy dispuesto a admitir... que la lírica antigua y la moderna... tienen, con todo, algo en común: el que, en ambos casos, la expectativa no se dirige al reconocimiento de una realidad representada y que se conoce o se ha vivido, sino a la manifestación de aquello que es diferente al mundo de nuestra experiencia cotidiana". Jauss


NEW CRITICISM

(algunos apuntes valiosos de esta corriente anglosajona)

Rechazo de la crítica contemporánea y la erudición histórica académica como fin último de la investigación literaria, concepción orgánica del poema (no hay una tajante separación entre forma y contenido), enfoque inmanente en el análisis (close reading) prescindiendo de los elementos exteriores (ilusiones de la crítica extrínseca)

4 ilusiones
de la crítica extrínseca de las que prescindir:

- ilusión genética, que confunde el poema con sus orígenes psicológicos en un autor, consiste en interesarse por el "querer decir" (intentional fallacy)
- la ilusión orientada a la comprensión de la psicología del lector en el proceso receptor (affective fallacy)
- la ilusión de la expresividad de la forma, que piensa en una dependencia mimética del poema respecto de un objeto o una experiencia, que sería reflejada en la forma del poema.
-por último, es ilusorio también pensar en el poema como cauce para la transmisión de una doctrina (fallacy of communication)

Actitud común:

"El poema significaba lo que significaba, independientemente de las intenciones del poeta y de los sentimientos subjetivos que suscite en el lector"

malas noticias en tiempos de recesión económica

(válido también para otros períodos)

Malas noticias para hoy,
la calle es un polvorín de anhelos
que luchan por emerger sin heridos
ni contemplaciones.
El precio de un hogar
está por encima del que tienen las viviendas,
ya nadie regala miradas
y es difícil no llevarse por delante
un trozo de carne o de esperanza.
Regateando migajas de emoción
donde todo son accidentes,
sueños baldíos,
memoria desgastada
de una prosperidad hipócrita
y tan solo aparente.