30 mayo, 2006

canción del joven maestro que llegó al pueblo

En la sucia posada
sobre un colchón de suelo
entre últimos suspiros
el joven sin remedio
observa la navaja.

Afilando está la luna
sus desgarrados ojos,
y el aire envenenado
arranca las cortinas
de un dulce sueño.

Tiene miedo la noche
(qué sola está la huerta)
porque el pueblo se duerme,
sordos griteríos
en sus mestizas calles.

Es atroz el silencio,
y la música no puede
detener su angustia,
la botella vacía
llena el enorme vaso
de potentes recuerdos.

Con torpeza reclina
su escuálido esqueleto
para sentir el peso
de los años que restan,
las nubes son raíces
que están envenenadas.

Ya murió el gitano "Mingo",
su flamenco cuartel
fantasma en la memoria,
anónimo blindaje
de olvidados genios
que acicalaban momias
con impetuoso arte.

Flaquea así la mente
de este joven maestro,
falso espejo de cordura;
polvo de melancolía
sus libros derraman,
olvido impertinente
que el espejo señala
en el brillante filo
de esa navaja virgen.

27 mayo, 2006

milonga del olvido

olvidaremos las monedas
con las que compramos la ropa
y el alimento que nos sostiene,
los inoportunos adioses,
las heridas con marca, los rasguños

olvidaremos playas que nunca existieron,
estrellas de plástico en la noche inmensa,
labios como ráfagas de viento,
escrúpulos absurdos de carne mortal

olvidaremos a los hombres y mujeres
que quisieron adularnos, vendernos
como inocentes cromos
que hartos de arrastrarse por el suelo
nunca marcaron su verdadero precio

olvidaremos, olvidaremos quizá
que hemos perdido el rumbo de la historia,
que tenemos las manos atadas
a un vagón plagado de carteles
que ni siquiera nos preguntan
si queremos probar

el oleaje del olvido irá borrando
las huellas impertinentes del tiempo,
la falsa belleza de nubes pasajeras,
el suculento carmín de las ensoñaciones

solo quedará el origen puro
de aquella vida sin deseo,
un amanecer profundo y total
que no logramos recordar aquí

porque venimos desnudos a la tierra
queremos olvidar que somos feos
marcándonos un rumbo, direcciones
que la existencia espolea
mientras se burla de nosotros

siempre quedará esto,
el barro, la sangre,
el fuego de los años que laten sin voz,
sensitivas sutilezas
que tantas veces despreciamos

rumor que acaricias el agua
con tu espuma chispeante,
flor que tus pétalos derramas
y nos indicas el camino

olvidándonos así
de nuestra absurda importancia

sucias gaviotas se tambalean en el cielo

01 mayo, 2006

Después de tanto whisky te volví a chillar y estuve a punto de pegarte, luego saliste corriendo hacia tu casa y me sentí mal, abandonado, apoyado sobre la sucia barra de madera seguí tragando resina de azufre hasta reventar, era incapaz de llorar en semejante estado, iba tragando todo lo que me ponían delante, imagínate, pero aún así toda esta borrachera, este delirio casi tremens que desencadenaste en mis neuronas hace tanto tiempo sigue clavado en un recuerdo de ceniciento jazmín, empedernido hasta la destrucción seguí bebiendo en la memoria besos lejanísimos, me decían que sólo pensaba en mí, nadie me hacía caso, no lo recuerdo, “dejarme en paz”; amanecía, las paredes se tintaban de negro por las calles, me apoyé en un coche y empecé a dormitar entre vaivenes, el tiempo es el mayor enemigo de los aterrizajes sin espacio, no puedo volver a ahogarme en esas cuatro paredes... pero aquel delirio, aquella pasión desenfrenada casi obsesiva que no supe expresar sentimentalmente y que ahora quema y me arrincona en la autodestrucción de un sueño que siempre supe imposible, joder, este borracho tiene que aprender a mentir antes de que caiga en el asfalto vomitando mariposas ¿cuántos días lograré que se mantenga erguido sobre sus propios pies? ¿cuántos años más resistirá solo abrazándose en el aire podrido? hoy que la verdad es el armamento de los débiles ¿mañana? ja a veces tengo ganas de comprarme una pistola, quizá, si ni siquiera soy capaz de llorar porque te fuiste, definitivamente deliro, el vaso se quedó sin cubitos compañero, ponga algo más fuerte y si puede ser, definitivo.