22 marzo, 2013

un poema de Javier Carnicer

Quien se rebele, sin armas y sin odio, contra la barbarie, pronto será humillado: ajusticiada su debilidad, su cobardía.

El débil animal de paz: un traidor, un cobarde, un desertor.

Así le juzga tanta voz embrutecida (cuando el orgullo de la estupidez es nuestra fuerza, nuestra hombría, nuestra hazaña).

Una vez perdida la vergüenza, y la razón, y la inocencia.

Y entonces el desertor es sinónimo de vago (igual que no luchar significa no hacer nada).

En las lenguas de fuego del mercado, en las jergas del campo de batalla.

Disidente es sinónimo de inútil.

O de traidor que ya no sirve como esclavo.





Estuche de lijas. Bellaterra: Universitat Autónoma de Barcelona, 2008

Javier Carnicer es un poeta invisible. Ha publicado poco, La sombra del obituario vista por su huésped, en los ochenta, y su reciente Estuche de lijas, aunque colabora con asiduidad en diarios y revistas de música, arte y literatura de Aragón. Licenciado en filosofía, también fue cantante y compositor de los grupos de rock Carnicería Carnicer, Manicomio Romántico i Soledad Anónima. Poeta invisible, que practica la poesía como una esfera privada; y según confiesa, guarda 28 libros sin publicar, perfectamente encuadernados en una estantería de casa. Los primeros poemas de Carnicer eran barrocos y conceptistas, de oraciones rotas; ahora sus versos son prácticamente conjuntos de aforismos que, siendo un texto cohesionado y completo, espera ser recompuesto por el lector.
El título del libro, Estuche de lijas, hace referencia al concepto que tiene el propio Carnicer de la poesía. El poema como una lima que ayuda a limar el horror de la realidad, que ni siente ni padece. Así, el poema intenta rebajar les asperezas de una realidad que raspa. Se trata de un libro roto, fragmentario, poblado de personajes románticos: monstruos desposeídos, caminantes melancólicos, traperos del aburrimiento… personajes próximos a la escatología, que gritan y blasfeman, representaciones humanas de la nada. La filosofía tiene un papel importante en el libro, el poeta presenta a ser humano como el animal más competitivo y monstruoso, el depredador más eficiente y deseoso de alimentar su ego. Solamente encontrará la paz desde el amor, y desde la postura ética de la no existencia. No existir o dejar de existir. Anular el yo y no ser hombre. La supervivencia y la paz forjada con la pasividad. Y el punto de partida es la soledad y la intimidad del amor.



19 marzo, 2013



Ya no mueren de hambre o de frío
            en una esquina.

Los hay que comen,
los hay que no tiemblan
y llenan estadios de fútbol,
            y se enamoran de sus propias letras
            como quien se enamora de la vecina del quinto.
           
Me piden que los promocione
            como “amigo”, tienen sed de victoria,
            egos trastornados sin vida.
           
No saben
que éxito o fracaso no existe,
            aquí no hay multinacional que valga
            y esto no es ningún partido.
 
Soledad, química, espíritu, el hueso,
nervios azules o flores muertas
con un latente fondo
de absurdidad irremediable.

            Un día mueren,
su dinero y su trabajo
en manos de mercaderes sin alma,
derechos de autor, viudas y batallas,
barata pleitesía.

Algún escolar
estudiará algún día esas patrañas
y escupirá sobre sus tumbas
para abrazar la vida.

Porque el poema
atesorado con cieno en las entrañas
adolece de cadenas, y muere.
Nace muerto.

Y la poesía,
transmisión universal,
aspira a la pura libertad de aquellos dioses
que vigilan el curso celeste de la historia.