03 octubre, 2010

HIPERIÓN A BELARMINO

A veces, sin embargo, se dejaba sentir todavía en mí una fuerza espiritual, aunque sólo con afanes de destrucción.

¿Qué es el hombre?, podía ser el comienzo de mi razonamiento; ¿cómo sucede que haya algo así en el mundo que, como un caos, fermenta y se pudre igual que un árbol seco y nunca se desarrolla hasta la madurez? ¿Cómo permite la naturaleza que exista este agraz entre sus dulces uvas?


Se dirige a las plantas diciéndoles: ¡yo también fui un día como vosotras!, y a los astros puros: ¡quiero ser como vosotros, en otro mundo! Mientras tanto se desgarra en pedazos y ejerce de vez en cuando sus artes consigo mismo como si pudiera volver a juntar lo vivo una vez que ya se ha disuelto, como si se tratara de una obra de albañilería; pero tampoco le desconcierta que nada mejore gracias a su actuación; lo que hace, pasa siempre por ser una prueba de su habilidad.


¡Ah, pobres de vosotros los que sentís todo esto, los que tampoco gustáis de hablar del destino humano, los que os sentís también cada vez más atrapados por la nada que reina sobre nosotros, fundamentalmente convencidos de que nacemos para nada, de que amamos una nada, creemos en nada, nos esforzamos por nada, para hundirnos poco a poco en la nada...! ¿qué puedo hacer si os flaquean las rodillas cuando pensáis seriamente en ello? Porque yo también me he hundido muchas veces en estos pensamientos y he gritado: ¿por qué llevas el hacha a mis raíces, espíritu cruel? y todavía estoy aquí.


Antiguamente, mis sombríos hermanos, era distinto. Sobre nosotros estaba la belleza y la alegría; estos corazones desbordaban a la vista de los lejanos fantasmas de dicha, y audaces y regocijados, se elevaron también nuestros espíritus y traspasaron la barrera; y cuando miraron a su alrededor, ¡ay!, sólo había un vacío infinito.


¡Oh!, a veces caigo de rodillas y mis manos se retuercen e imploran no sé a quien que cambie mis pensamientos. Pero no puedo acallar los gritos de la verdad. ¿No me he convencido por mí mismo ya dos veces? Cuando contemplo la vida, ¿qué es lo último de todo? Nada. Cuando me elevo en el espíritu, ¿qué es lo más elevado de todo? Nada.


¡Pero cálmate, corazón! ¡Estás desperdiciando tus últimas fuerzas! ¿Tus últimas fuerzas? ¿Y tú, tú quieres asaltar el cielo? Pues ¿dónde están tus cien brazos, Titán, dónde tu Pelión y tu Osa, tus escalas para asaltar el castillo del padre de los dioses, para que subas y derribes al dios mismo y la mesa de los dioses y todas las cumbres inmortales del Olimpo, y prediques a los mortales: "¡Quedaos abajo, hijos del instante, no os esforcéis por subir a estas alturas, porque aquí arriba no hay nada!"


Puedes dejar de considerar lo que otros prefieren. A ti te vale tu nueva doctrina. Si sobre ti y ante ti no encuentras más que el vacío y el desierto, es porque en tu interior no hay más que vacío y desierto.


Si vosotros, los demás, sois más ricos que yo, bien podríais también ayudar un poco.


Si vuestro jardín está tan lleno de flores, ¿por qué no me alegra su perfume a mí también?... Si estáis tan llenos de divinidad, tenéis de sobra para darme a beber. En las fiestas, nadie carece de nada, ni siquiera el más pobre. Pero sólo hay alguien que celebre su fiesta entre vosotros, y es la muerte.


La necesidad, la angustia y la noche son vuestras dueñas. Ellas os separan u os obligan a juntaros, a palos. Al hambre le llamáis amor, y allí donde no veis nada, allí moran vuestros dioses. ¿Dioses? ¿Amor?


Sí, los poetas tienen razón, no hay nada, por pequeño e insignificante, con lo que no sea posible el entusiasmo.


Así pensaba yo entonces. Todavía no comprendo como nacieron en mí tales pensamientos.



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Friedrich Hölderlin


Exquisita traducción de Jesús Munárriz


26 septiembre, 2010

Manchado de azul
sospecho de tus botas
hechas para pisar la tarde,
hay gaviotas aplastadas contra este asfalto gris
y ridículas razones dentro de un café
que el desasosiego traga cotidiano.

Labios monótonos que anhelan enterrarme
con su pulcra estadística,
su ley abstracta ajena al vuelo sin maldad
de un pájaro extraviado
que ha olvidado mover sus alas.
Vestido de mar me persigue lo gris,
quién fuera ola arrebatada contra las piedras
y no metal oxidado por la circunstancia.
Horizonte de luz acuática
tu destino es existir,
y no te dejan.
Puede que ni siquiera te hayas dado cuenta, pero todo el mundo tiene un destino... Cada uno tiene una misión que cumplir. Ves niños, mujeres buenas, gente que no es nada, que no hacen ningún mal, pero llega un día en que ellos también...

Llega un día en que ellos también sucumben,
mujeres buenas, hombres que no conocían el mal.
Su destino es hoy anclaje de tierra,
besos que se estrellan contra un muro de culpa,
nube muerta a manos del deseo,
cadena sutil de ser mortal.
Caricatura del deseo

Sentimiento metafísico en mí,
ansío sin remedio cuanto está a mi alcance,
cuando lo tengo
no puedo acariciarlo como lo soñé
y dejo que se pierda entre los dedos.

He sido timado por la realidad
con su verdad a medias,
quisiera
no buscarte en vano cada día,
y me urge esta insaciable sed.


El mar y la muerte

Vendrá la muerte y tendrá mis ojos,
no los tuyos,
sólo existo yo frente al espejo,
también a veces el mar es.
Aeroplano de cera
sobre colinas de fuego,
suicida piel de aterrizaje

alas de metal
nieve gotean

23 septiembre, 2010

improvisación

La luz que hiere lo inmóvil es el tiempo de la expresión ida,
no se puede retener un ápice de certidumbre
apoyado sobre esta baranda frágil,
hay cartones que refugian mendigos de plata
y sucias alamedas para redondos zapatos de caucho.

La sangre no está por ningún lado que se pueda retener,
ni el beso multiforme de las despedidas
ni la sonrisa amable de aquel despertador excitado,
emociones que tiritan solas en algún corredor
y se muerden las uñas de impaciencia
a la espera del siguiente metro.

Así es como aprendes a vivir callado,
el zumbido de la vida se resuelve bien con tu blackberry
y alguna que otra dosis de farmacia,
tú que te crees viviente en lo tuyo y anhelas sin embargo
una fusión digna de aquel deseo primigenio,
más allá del vértigo con que te mira
esta ciudad sin ojos

pulsión vorágine de verdades inciertas,
mentiras de metal que pugnan por su disfraz de vida,
disparate persecutorio, arte redentor,
sueñas en el trayecto ambiguo de la nada.

18 septiembre, 2010

sin título

Deseo atroz, el mar
es una calma rota,
quise apresar los barcos
bajo una luz remota
y se hizo noche la vida.

La hiel de los adioses
me apartó en la esquina,
y qué solo se sintió
aquel blando corazón de nube.

Rebusqué en la miel
de las estrellas solas
cuando la vieja luna
me clavó su estaca
y un gato mordió los ojos de la carne.

Deseo abolido ya en su nacimiento,
espasmo de pupila antigua
que anhela desahuciarme,
casa de piel abandonada.

15 septiembre, 2010

De Luis Cernuda

A un poeta futuro

No conozco a los hombres. Años llevo
De buscarles y huirles sin remedio.
¿No les comprendo? ¿O acaso les comprendo
Demasiado? Antes que en estas formas
Evidentes, de brusca carne y hueso,
Súbitamente rotas por un resorte débil
Si alguien apasionado les allega,
Muertos en la leyenda les comprendo
Mejor. Y regreso de ellos a los vivos,
Fortalecido amigo solitario,
Como quien va del manantial latente
Al río que sin pulso desemboca.

No comprendo a los ríos. Con prisa errante pasan
Desde la fuente al mar, en ocio atareado.
Llenos de su importancia, bien fabril o agrícola;
La fuente, que es promesa, el mar sólo la cumple,
El multiforme mar, incierto y sempiterno.
Como en fuente lejana, en el futuro
Duermen las formas posibles de la vida
En un sueño sin sueños, nulas e inconscientes,
Prontas a reflejar la idea de los dioses.
Y entre los seres que serán un día
Sueñas tu sueño, mi imposible amigo.

No comprendo a los hombres. Mas algo en mí responde
Que te comprendería, lo mismo que comprendo
Los animales, las hojas y las piedras,
Compañeros de siempre silenciosos y fieles.
Todo es cuestión de tiempo en esta vida,
Un tiempo cuyo ritmo no se acuerda,
Por largo y vasto, al otro pobre ritmo
De nuestro tiempo humano corto y débil.
Si el tiempo de los hombres y el tiempo de los dioses
Fuera uno, esta nota que en mí inaugura el ritmo,
Unida con la tuya se acordaría en cadencia,
No callando sin eco entre el mudo auditorio.

Mas no me cuido de ser desconocido
En medio de estos cuerpos casi contemporáneos,
Vivos de modo diferente al de mi cuerpo
De tierra loca que pugna por ser ala
Y alcanzar aquel muro del espacio
Separando mis años de los tuyos futuros.
Sólo quiero mi brazo sobre otro brazo amigo,
Que otros ojos compartan lo que miran los míos.
Aunque tú no sabrás con cuánto amor hoy busco
Por ese abismo blanco del tiempo venidero
La sombra de tu alma, para aprender de ella
A ordenar mi pasión según nueva medida.

Ahora, cuando me catalogan ya los hombres
Bajo sus clasificaciones y sus fechas,
Disgusto a unos por frío y a los otros por raro,
Y en mi temblor humano hallan reminiscencias
Muertas. Nunca han de comprender que si mi lengua
El mundo cantó un día, fue amor quien la inspiraba.
Yo no podré decirte cuánto llevo luchando
Para que mi palabra no se muera
Silenciosa conmigo, y vaya como un eco
A ti, como tormenta que ha pasado
Y un son vago recuerda por el aire tranquilo.

Tú no conocerás cómo domo mi miedo
Para hacer de mi voz mi valentía,
Dando al olvido inútiles desastres
Que pululan en torno y pisotean
Nuestra vida con estúpido gozo,
La vida que serás y que yo casi he sido.
Porque presiento en este alejamiento humano
Cuan míos habrán de ser los hombres venideros,
Cómo esta soledad será poblada un día.
Aunque sin mí, de camaradas puros a tu imagen.
Si renuncio a la vida es para hallarla luego
Conforme a mi deseo, en tu memoria.

Cuando en hora tardía, aún leyendo
Bajo la lámpara luego me interrumpo
Para escuchar la lluvia, pesada tal borracho
Que orina en la tiniebla helada de la calle,
Algo débil en mí susurra entonces:
Los elementos libres que aprisiona mi cuerpo
¿Fueron sobre la tierra convocados
Por esto sólo? ¿Hay más? Y si lo hay ¿adonde
Hallarlo? No conozco otro mundo si no es éste,
Y sin ti es triste a veces. Ámame con nostalgia,
Como a una sombra, como yo he amado
La verdad del poeta bajo nombres ya idos.

Cuando en días venideros, libre el hombre
Del mundo primitivo a que hemos vuelto
De tiniebla y de horror, lleve el destino
Tu mano hacia el volumen donde yazcan
Olvidados mis versos, y lo abras,
Yo sé que sentirás mi voz llegarte,
No de la letra vieja, mas del fondo
Vivo en tu entraña, con un afán sin nombre
Que tú dominarás. Escúchame y comprende.
En sus limbos mi alma quizá recuerde algo,
Y entonces en ti mismo mis sueños y deseos
Tendrán razón al fin, y habré vivido.



De: Como quien espera el alba, 1941-1944

06 septiembre, 2010

I

Pretextos de bajamar,
ruinas de la memoria,
estanques de terciopelo.

Agua, sonido que engulle
barcos de papel y sueño,
secuestrada luz de sal.

Ojos manchados de hoy,
estrella sorda del tiempo,
cuerpo de mujer que abrasa
como abrasa todo lo que yo deseo.

Deseo vida, paz,
algo simple y cotidiano,
algo cierto.

Me dan plomo y trampa,
cárcel de tristes años,
desolación a secas.


05 agosto, 2010

un poema de Antonio Colinas

Fe de vida

Esperar junto a este mar (en el que nacieron las ideas)
sin ninguna idea. (Y así tenerlas todas.)
Ser sólo la brisa en la copa del pino grande,
el aroma del azahar, la noche de las orquídeas
en las calas olvidadas.

Sólo permanecer viendo el ave que pasa
y no regresa; quedar
esperando a que el cielo amarillo
arda y se limpie con los relámpagos
que llegarán saltando de una isla a otra isla.
O contemplar la nube blanca
que, no siendo nada, parece ser feliz.
Quedar flotando y transcurriendo de aquí para allá,
sobre las olas que pasan,
como un remo perdido.
O seguir, como los delfines,
la dirección de un tiempo sentenciado.

Ser como la hora de las barcas en las noches de enero,
que se adormecen entre narcisos y faros.
Dejadme, no con la luz del conocimiento
(que nació y se alzó de este mar),
sino simplemente con la luz de este mar.
O con sus muchas luces:
las de oro encendido y las de frío verdor.
O con la luz de todos los azules.

Pero, sobre todo, dejadme con la luz blanca,
que es la que abrasa y derrota a los hombres heridos,
a los días tensos, a las ideas como cuchillos.
Ser como olivo o estanque.
Que alguien me tenga en su mano como a puñado de sal.
O de luz.

Cerrar los ojos en el silencio del aroma
para que el corazón –al fin- pueda ver.
Cerrar los ojos para que el amor crezca en mí.
Dejadme compartiendo el silencio
y la soledad de los porches,
la hospitalidad de las puertas abiertas; dejadme
con el plenilunio de los ruiseñores de junio,
que guardan el temblor del agua en las últimas fuentes.
Dejadme con la libertad que se pierde
en los labios de una mujer.


26 julio, 2010

reclamo maldito contra el vacío actual


"Ilustres poetas, hace tiempo que se repartieron las provincias más florecientes del terreno poético. Me ha complacido, y tanto más cuanto la tarea presentaba crecientes dificultades, extraer la belleza del mal. Este libro, esencialmente inútil y absolutamente inocente, no tiene otro fin que divertirme y estimular mi gusto apasionado por la dificultad."

Charles Baudelaire


Es el reloj siniestro cuna de este frío
y razón de todas las mañanas huecas,
campana rota de trabajo o de fiesta
que suenas como un viento de ayer,
no quiero recordar la aurora,
ella me duele en los ojos.


Las flores negras del tío Baudelaire
adornan los templos del desasosiego,
donde no hay limosna para la vieja emoción
y como muchacha enferma
a la que han abandonado en la calle
se balancea sorda tu esperanza
.

No hallarás alivio que satán no destrone
ni tragedia más cruel
que la cicuta amada del Leteo,

olvido imposible, destino es zozobra,
belleza y tiempo se devoran en vano,
el equilibrista nunca está a salvo de vivir.

Sin embargo podrías aprender a morirte,
soñar desencantado en la campiña roja
junto a letras derrotadas por tu hipocresía,
destilar la angustia y beberte su licor extranjero
que sabe a noche recordada.


Llegarás a dudar con valentía y estilo,
romperás a golpe de prosodia
el rígido sistema de seres herramienta
que desisten de su propia identidad.

Escupe sangre sobre la carcoma,
mueble inquieto olvidado en un desván
que crujes para nadie.



24 julio, 2010

Sin darme cuenta
he vuelto a vosotros,
días como círculos concéntricos,
huesos que crujen
dentro de una piel abandonada.

Tapiado el edén de aquella historia,
decidme cómo desclavar
los signos y su rastro.

Hallo respuesta en este libro
antes de abrir la puerta de la calle
y presenciar estupefacto
el espectáculo erróneo
de mi propia existencia.


Friedrich Streben


21 julio, 2010

historia de un desencuentro

Le perdí la cara al sentido en esa calle,
un primer instante de soledad estúpida
me dejó huérfano por culpa de tus ojos
que ya no estaban, así fue durante miles de días,
aprendí a mirarme en los escaparates
y a distinguir los labios de la sed,
hubo tiempo para recomponer la ausencia
hasta que un ciego señaló la luz
y dijo basta,

terminó
el espontáneo baile de máscaras,

ya no sueño en las fiestas,
recuerdo algún nombre que se parece al tuyo,
recuerdo que no me acuerdo de nadie
y tiemblo de impaciencia
por besar el bourbon.




19 julio, 2010

la última palabra nunca será dicha

Trabaja en el absurdo, no creas en un puesto
en este mundo prestado y efímero.
El reconocimiento tiene vocación de ancla,
ya no soñarás sentado solo
en la bahía de un tiempo exclusivamente tuyo.
Olvídalo todo.
Sólo el desasosiego te mueve a rebuscar penélopes
sin brújula sobre papel gastado.
Es necesario estar en movimiento
antes y después de cada muerte.
Palabras que un día creíste importantes
y son nada.
Porque el anhelo nunca tuvo puert
o ni rostro
y la guadaña ansía los festines,
asesinar la aurora
mancha carmesí de labios mudos sobre tu memoria.
Como la sangre de un accidente repetido
que al fin te hará callar bajo la piedra,
sin que puedas decir adiós.

09 julio, 2010

Querido lector



“El poeta es un fingidor"
Fernando Pessoa

Y si te digo, querido lector,
que quien escribe esto no existe
si te dijera, porque no puedo decirte,
algo semejante a esta lluvia
que lees y no empapa tus ojos
o tal vez un día, si te dijera
mentiras exactas de un poeta
que hace vivir lo que no está
como tu piel o el frío
como la calle o un rastro del que no existe
y te tutea: “nunca te conocí,
yo que fingí dolor hasta sentirlo
y negocié con la melancolía
una felicidad insípida”

Pero si te digo, no te dijera,
que el mismo que se ríe
con ironía de su obra,
uno que siente el ridículo
al mirarse en este espejo
después de cada recital,
si te digo que tampoco soy yo,
si aceptara ser traicionado
de esta manera infame y desteñida
¿dónde quedaría yo, él
y el resto de heterónimos?
dime, mi tal vez compañero,
¿dónde quedaríamos nosotros,
tu piel, el frío o la calle
sin poder fingir un beso, un abrazo,
una mirada real, una voz?


07 julio, 2010

poesía clásica china

RETORNO AL CAMPO

I

De niño, sin ambiciones mundanas,
sentía un gran apego a las montañas.
Más tarde, caí desgraciadamente
en el lazo de este vanidoso mundo,
que me ha retenido por tantos años.

Los pájaros enjaulados añoran
los nidos que tenían en el bosque.
Los peces de los acuarios
echan de menos el inmenso mar.
Por fin he regresado a mi finca,
y estoy aquí, como labrador,
roturando los campos yermos del sur.

Tengo poca tierra
y unas cuantas chozas.
Olmos y sauces dan sombra a mi casa,
y veo peras y melocotones,
que crecen enfrente de la ventana.
A lo lejos se perciben
ruidos y voces de un pueblo.
De cerca veo tenues humos,
que se elevan sobre las chimeneas.
Un perro ladra al fondo de la calle,
y un gallo canta sobre una morera.
En mi casa todo es tranquilidad,
alejado de tumultos y bullicios.
He dejado para siempre jamás
aquella vida enjaulada,
y logré volver al YO de verdad.

TAO YUANMING (TAO QIAN, TAO CHIEN)
(365-427)
Nombre social: Qian.
Sobrenombre: Yuanliang.



UN DÍA ESTIVAL EN LA MONTAÑA

Sentado, camisa abierta,
reposo en un bosque verde.
Perezosamente, agito
mi abanico de plumas blancas.
Me quito el sombrero
y lo cuelgo de una roca.
Entre los pinos sopla la brisa,
que acaricia mi desnuda cabeza.


A YUAN DANQIU, MORADOR
DE LA MONTAÑA

Vives en la Montaña de Levante,
deleitándote con la belleza del paisaje.
Desde tu lozana primavera,
te acuestas en la solitaria selva.
Y duermes todavía
cuando el sol ya calcina.
Las mangas de tu túnica se limpian
con la brisa de los pinos.
Se purifican tu corazón y tus oídos
con el arroyo que entre las peñas serpentea.
¡Cuánto te envidio!
Alejado de bullicios y contiendas,
reposas con una nube diáfana
bajo tu cabeza.


COPA EN MANO,
PREGUNTO A LA LUNA

Brilla la luna en el azul infinito.
Ceso de beber y le pregunto:
¿Desde cuándo estás allí?

Por más que lo pretenda,
el hombre no puede atrapar la luna.
Pero ella, en su curso, le acompaña.
Es un fúlgido espejo que vuela
por encima de los palacios escarlata.
Sus luces puras resplandecen,
disipando los humos grises.
Se la ve sólo de noche
ascendiendo del piélago,
y al despuntar el alba,
se pierde entre las nubes.
Año tras año, la liebre* elabora sus hierbas.
Solitaria, Chang E nunca tiene compañero.*
Los hombres de hoy no ven la luna de antaño,
mas la luna de hoy ha alumbrado a los hombres antiguos.
Tanto los del pasado como los del presente,
vienen y se van como las aguas de un río,
y todos contemplan la misma luna.
¿Qué podría yo desear sino ver siempre,
mientras canto y bebo,
su reflejo en el fondo de mi copa de oro?


* Según una antigua fábula, en la luna vive una liebre blanca que desmenuza hierbas para preparar el elixir de la inmortalidad
.

* Según la leyenda, Chang E robó a su marido, un arquero famoso, el brebaje de la inmortalidad y voló a la luna, donde mora con la liebre mencionada en la nota anterior.

LI BAI (LI PO, LI BO, LI TAI-PEI, LI TAI PO)
(701-762)
Nombre social: Taibai.




CONTEMPLANDO EBRIO
DESDE EL MIRADOR DEL LAGO,
EL 27 DE JUNIO

I

Nubes negras vierten su tinta
sobre las montañas,
sin cubrirlas todas.
Las perlas salpican la barca:
se desata una lluvia cristalina.
Ha llegado el viento,
que, arrollando la tierra,
lo dispersa todo.
No puedo distinguir
entre las aguas y el cielo:
Están identificados.

II

Peces y tortugas, libres,
nos vienen siguiendo sin miedo. *
Lotos sin dueño ni amo
florecen por todo el lago.
Mecido por el agua, desde mi almohada,
veo subir y bajar la montaña.
Llevada por la brisa,
mi barca baila con la luna.

* Según la enseñanza budista de respetar cualquier vida, en el Lago Oeste estaba prohibido pescar.


DE REGRESO A LINGAO, DE NOCHE
SEGÚN LA MELODÍA LINJIANGXIAN

Ci

De noche, bebo en la Cuesta del Este.
Al despertar, otra vez me emborracho.
Vuelvo a casa a medianoche.
El criado ronca tronando.
Por más que llame,
nadie me abre.
Apoyado en mi bastón,
escucho el río que corre a su gusto.
¡Cómo siento no ser dueño de mí mismo!
¿Cuándo me libraré de los trajines mundanos?
Noche avanzada.
Ha cesado el viento.
Las olas se calman.
Quisiera salir en una barca
y pasar el resto de mi vida
sobre los ríos y el mar.

El poema fue escrito en 1082, cuando el autor se encontraba en Huangzhou, exiliado, bajo vigilancia. Los últimos versos despertaron el rumor de que había huído. El gobernador fue corriendo a su casa a buscarle y le encontró durmiendo plácidamente.


ESCRITO EN UN MURO
DEL TEMPLO XILIN, MONTAÑA DE LUSHAN

Mirada de enfrente,
es una sierra interminable.
De perfil, picos escarpados
que horadan el firmamento.
Diferente el ángulo,
diferente su semblante.
Estando en la montaña de Lu Shan,
¿quién podrá conocerla de verdad?

Muchos críticos ven en este poema una reflexión filosófica del autor, aparte de una maravillosa descripción del paisaje de la montaña Lushan.


Todos quieren tener un hijo inteligente,
pero la inteligencia me ha arruinado la vida.
Así que quiero que mi hijo
sea tonto y estúpido:
Sin penas ni penalidades
llegará a ser ministro.


SU DONGPO (SU SHI)
(1036- 1101)
Nombre social: Zhizhan.
Sobrenombre: Ermitaño Dongpo

06 julio, 2010

Balance de ciudad y olvido

En un tiempo que hoy me queda lejano
inventé una ciudad
donde ubicar inexactos mis días.

Les di valor, casi sin darme cuenta,
y un poder desmesurado
me hizo estremecer
sobre la bella ficción.

Ahora sé que el tiempo
odia mucho mis ciudades,
que los años pisotean
con su imagen descarnada
aquel impulso visceral,
sutil y endemoniado.

(A nadie le agradan tus maneras,
esos focos ridículos,
el desconsuelo que acarreas:
la ciudad sólo te arrastra al olvido)

Nuestra decadencia es mortal e irremediable,
como la de grandes imperios,
y afecta también
a lo que jamás sucedió.

04 julio, 2010



Anónima emoción que te devoras

en la urgencia frágil de hablarme,
como hacen a menudo los tristes
cuando la chispa inicial se apaga
y es lo remoto vida.


¿Por qué es tan difícil nombrar lo que arde
cuando en el alma todavía quema?
Indómita la palabra se acaba ahogando
contra las cenizas de otro cuerpo,
de otra voz sorda y efímera.


Noble imagen de amor que no supiste avivar
y en otros ojos relampaguea
como si fueran esos los mismos.

Huellas mojadas de la tribu nómada,
humo extraño de un fuego anterior al lenguaje,
l
ejos de esta vida que hoy celebras y cantas
como si fuese cierta.

01 julio, 2010

viaje en Amsterdam

A Romualdo y Javier,
compañeros de viaje

El Dam, nos persiguen,
la bóveda sagrada de Febrero
sobre el cielo nublado del Amstel,
extraña huida sobre mágicos puentes,
la flor de tus neuronas se excita
cactus rebelde entre rubios tulipanes,
la inmensidad es una ruina venenosa
luces homicidas de la noche nos señalan
el caos del puerto sirve de metáfora
en la inexacta complicidad de nuestras mentes,
gracias Javi por tu devoción al mapa
es imposible regresar sin guía,
el hotel tiene nombre de República,
estoy a salvo en France.


Jean Paul Romiers

26 junio, 2010

Si el poema te salva es porque también te condena.

Si el poema te salva
es porque también te condena.

Un hombre condenado al poema
incapaz de abandonar al niño que lo guía
¿por qué apresa marcas de realidad
en frascos que el tiempo no sabe destruir?
¿acaso es el pasado efímero?

El poeta cubre ese vacío,
intenta descifrar su nombre
en la palabra virgen.

Pero qué sucede con el hombre que desea
y se destruye hasta morir en verso
atrapado en su celda
de sexos sin destino,
entregado a la divinidad en ocasiones
y otras tantas
distraído en el anhelo
de algún vicio delincuente.

Es extrema la duda fiel que guía
el tormento de la sensibilidad creadora,
hay una contradicción perenne
colgando en el orígen del cosmos.

Criatura de barro
que anhela despertar,
paisaje de acuarelas distantes y rebeldes.

Extraño devenir
el que impone al hombre el poema.

23 junio, 2010

Ítaca, Constantin Cavafis


Si vas a emprender el viaje hacia Itaca,

pide que tu camino sea largo,
rico en experiencias, en conocimiento.
A Lestrigones y a Cíclopes,
al airado Poseidón nunca temas,
no hallarás tales seres en tu ruta
si alto es tu pensamiento y limpia
la emoción de tu espíritu y tu cuerpo.
A Lestrigones ni a Cíclopes,
ni a fiero Poseidón hallarás nunca,
si no los llevas dentro de tu alma,
si no es tu alma quien ante ti los pone.

Pide que tu camino sea largo.
Que numerosas sean las mañanas de verano
en que con placer, felizmente
arribes a bahías nunca vistas;
detente en los emporios de Fenicia
y adquiere hermosas mercancías,
madreperla y coral, y ámbar y ébano,
perfumes deliciosos y diversos,
cuanto puedas invierte en voluptuosos y delicados perfumes;
visita muchas ciudades de Egipto
y con avidez aprende de sus sabios.

Ten siempre a Itaca en la memoria.
Llegar allí es tu meta.
Mas no apresures el viaje.
Mejor que se extienda largos años;
y en tu vejez arribes a la isla
con cuanto hayas ganado en el camino,
sin esperar que Itaca te enriquezca.
Itaca te regaló un hermoso viaje.
Sin ella el camino no hubieras emprendido.
Mas ninguna otra cosa puede darte.

Aunque pobre la encuentres, no te engañará Itaca.
Rico en saber y en vida, como has vuelto,
comprendes ya qué significan las Itacas.



Poeta griego, una figura fundamental de la literatura griega del siglo XX. Nació en Alejandría (Egipto), donde pasó la mayor parte de su vida. Autocrítico implacable, muchas veces afectado por su propia heterodoxia, Cavafis publicó poco durante su vida. Cavafis creó un estilo personal, algo solemne y arcaico, mezclado con el griego de su época. En sus versos se integran la historia helenística y bizantina con asuntos contemporáneos, como ocurre en dos de sus poemas más conocidos, 'El dios abandona a Antonio' e 'Itaca', escritos en 1911. La obra de Cavafis empezó a conocerse fuera de Grecia a través de las referencias del estudio de E. M. Forster sobre Alejandría, Alejandría: Historia y guía (1923). Desde 1930 su influencia fue importante no sólo en los jóvenes griegos, sino también en escritores extranjeros, y a partir de esta época los escritos críticos sobre su obra se multiplican. Un nuevo empuje de la obra de Cavafis tuvo lugar con la publicación del Cuarteto de Alejandría de Lawrence Durrell (1957-1960). En el centenario de su nacimiento, se publicaron traducciones de sus obras en casi toda Europa.

15 mayo, 2010

poema de Gonzalo Rojas

LOS DÍAS VAN TAN RÁPIDOS

Los días van tan rápidos en la corriente oscura que toda salvación
se me reduce apenas a respirar profundo para que el aire dure en mis pulmones
una semana más, los días van tan rápidos
al invisible océano que ya no tengo sangre donde nadar seguro
y me voy convirtiendo en un pescado más, con mis espinas.

Vuelvo a mi origen, voy hacia mi origen, no me espera
nadie allá, voy corriendo a la materna hondura
donde termina el hueso, me voy a mi semilla,
porque está escrito que esto se cumpla en las estrellas
y en el pobre gusano que soy, con mis semanas
y los meses gozosos que espero todavía.

Uno está aquí y no sabe que ya no está, dan ganas de reírse
de haber entrado en este juego delirante,
pero el espejo cruel te lo descifra un día
y palideces y haces como que no le crees,
como que no lo escuchas, mi hermano, y es tu propio sollozo allá en el fondo.

Si eres mujer te pones la máscara más bella
para engañarte, si eres varón pones más duro
el esqueleto, pero por dentro es otra cosa,
y no hay nada, no hay nadie, sino tú mismo en esto:
así es que lo mejor es ver claro el peligro.

Estemos preparados. Quedémonos desnudos
con lo que somos, pero quememos, no pudramos
lo que somos. Ardamos. Respiremos
sin miedo. Despertemos a la gran realidad
de estar naciendo ahora, y en la última hora.

12 mayo, 2010

deleite atemporal,
vida en el juego-arte

más que evasión reviviscencia
a contradevenir, en el meollo
de lo irremediable detenido

flecha de luz sobre lo no completo

heridas derraman ser
en el hueco abandonado
de un antiguo río
que es barro

será piedra
si nos dejamos morir
a contramusa

metaexistir
en todo tiempo

sin más espacio que el poema



"El presente sólo se forma del pasado, y lo que se encuentra en el efecto estaba ya en la causa." "El tiempo es invención o no es nada en absoluto." "Existir es cambiar, cambiar es madurar, madurar es creación sin fin." "El triunfo de la vida es expresada mediante la creación."

Bergson

08 mayo, 2010

prosa en poema

Con el paso del tiempo
se relaja la vida,
y el arte cobija la llama
de un impulso ciego.

Ya nadie habla de sus ojos
con el dedo en la llaga,
se volvieron tan educados de repente
que tuve que aprender
a buscarte en los libros de la noche,
donde reposan mis muertos favoritos.

Comprendo que muchos estén de vuelta
ahora que sabéis
que por amor al arte no se come
y se sufre extraño el camino,
otros tantos como tú se engañan
al instalarse en colinas turinesas,
sanatorios alemanes o al enorme abrigo
de Giacomo Leopardi.*

He cruzado los límites de lo literario
y puedo afirmar
sin ningún tipo de razón
que estaba equivocado,
el arte no cobija nada
y todo late en existir.

Me lo dice el tiempo vivo
sobre la luz dichosa del poema
en la desnuda llama de tu cuerpo
que es verdad y presente tangible.


* notas al pie

30 abril, 2010

Y para no volver a equivocarme

estoy pensando que la poesía debe escribirse con un hueso en la mano.

Luis Rosales


Escribir con el hueso en la palabra

y dejar restos de carne viva en el papel,
saciar la incertidumbre de estar vivo
en cada poro del poema.

Recoger la ausencia que te impulsa
como un desasosiego útil,
hacer propia la lección de ayer
y avanzar obstinadamente ciego
hacia la próxima avenida.

Sellar aquí el pasado que palpita
desde extraños huertos sin voz
y cargar con el matiz de su bagaje,
nacer más desde la misma entraña.

29 abril, 2010

ENTREVISTA: FRANCISCO BRINES XIX Premio Reina Sofía de Poesía


"Los que leen poesía la necesitan como drogadictos"

ELSA FERNÁNDEZ-SANTOS - Madrid - 29/04/2010


Francisco Brines (Valencia, 1932) se convirtió ayer en el XIX Premio Reina Sofía de Poesía, el más prestigioso entre los poetas iberoamericanos. El escritor se había dejado el móvil -acribillado por llamadas desde primera hora de la tarde- en Madrid y esperaba sentado, inalterable, con la misma calma reflexiva de sus versos, en la habitación de un hotel de Segovia para ofrecer un recital. "Leeré poemas de todas las épocas, algunos inéditos también", explicaba poco antes de la lectura. "Y haré algunas observaciones, porque la poesía educa nuestra sensibilidad y nuestra tolerancia".

"Cuando estamos pletóricos, no creamos; escribimos cuando no vivimos"

"Compongo poemas en el coche. Son muy cortos, porque es peligroso"

"La muerte siempre ha estado en mi obra, por mi amor a la vida"

"El poeta joven está cómodo con el poeta viejo y viceversa"

Enseguida queda claro que Brines es un pozo inagotable cuando se trata de hablar de su oficio, que es su vida. "La poesía nos enseña que no buscamos lo que somos", explica un autor que ha centrado su obra en el sentimiento de pérdida. "Pero no como algo negativo", advierte, "sino como una fuente de conocimiento y de amor".

"El lector de poesía no se busca a sí mismo sino que busca la verdad del otro", continúa. "Y esa es la verdadera tolerancia: que un creyente lea un poema agnóstico y se emocione de la misma manera que un agnóstico lee a san Juan de la Cruz crea o no en la mística. Gracias a la poesía, a su lectura intensa y verdadera, vivimos y sentimos vidas que de otra manera no podríamos vivir. Gracias a la poesía, siendo adolescentes podemos entender la vejez e incluso podemos volver a sentir el amor cuando ya no estamos enamorados. Es su milagro". Y su misterio, cabría añadir. Un misterio que para Brines difícilmente alcanza la novela, "que siempre tiene otras lecturas, lineales o invisibles". "Lo misterioso de la poesía es que tú la escribes pero tú no la eliges. Se apodera de ti. No sabes lo que vas a decir, sin embargo, sin saber lo que vas a decir pones o tachas. Es algo muy extraño, pero ocurre así".

El escritor asegura que desde su primer libro (Las brasas, premio Adonais en 1959) no ha dejado de escribir sobre lo mismo, porque el hombre, para él, es tiempo. Una coherencia que sitúa su obra, enmarcada en la generación de los 50, en un plano elegiaco que no siempre resulta idóneo para vencer el desafío de escribir. En 1987 escribió en otro de sus libros fundamentales, El otoño de las rosas: "Vives ya en la estación del tiempo rezagado: / lo has llamado el otoño de las rosas. / Aspíralas y enciéndete. Y escucha, / cuando el cielo se apague, el silencio del mundo".

Francisco Brines vive en un pueblo de Valencia. Allí escribe, solo. "Aunque también, y aunque parezca extraño y absurdo, escribo poemas en el coche. Poemas muy cortos, porque es peligroso".

"Cuando estamos pletóricos no escribimos", añade. "Escribimos cuando no vivimos. No queda otra, es una necesidad. No soy un poeta muy estimulado, desgraciadamente soy tacaño y sólo escribo cuando no hay más remedio. Pero cuando lo hago me siento muy pleno, muy realizado. Y además me sorprendo, porque me ayuda a encontrarme, soy yo, sin ninguna necesidad de dibujar un autorretrato".

"Siempre escribo sobre las mismas cosas pero no es lo mismo la nostalgia de un niño que la de un viejo. Desafortunadamente ya tengo poco del niño que fui, pero lo importante es la vida y sólo somos conscientes de ese don cuando nos lo quitan. Por eso la muerte siempre ha estado en mi obra, por mi amor a la vida". El escritor recuerda entonces el libro que recoge todos sus poemarios, Ensayo de una despedida, y justifica el título: "Me despido de una vida que no hemos realizado, ¿no es esa la grandeza del hombre y la del amor? ¿No nos hace afortunados el dolor de la pérdida?".

Entre los premios más importantes que ha recibido hasta ahora están el de las Letras Valencianas, el Nacional de Poesía y el Premio Nacional de las Letras Españolas. La poesía ocupa sus viajes (la semana pasada en el Museo de Oteiza en Pamplona, ayer en las jornadas de poesía de Caja Segovia y la próxima, en Oviedo) y sus amistades. "Los poetas solemos ser amigos, sin importarnos la diferencia de edad. El poeta joven está cómodo con el poeta viejo, y al revés. Por eso vivimos de cerca los cambios generacionales y por eso conocemos qué ocurre en la poesía. En España, además, siempre aparecen voces nuevas y uno se encuentra revistas de poesía en los lugares más insólitos. Y eso que la poesía tiene poca conversación. En ninguna sobremesa se habla de poesía, sólo de chismes de poesía. La poesía nos alimenta por dentro, en silencio, porque los que leen poesía la necesitan como unos drogadictos. Y por eso son lectores tan agradecidos, tan reales. Y eso es algo que nos une a todos los que la leemos".

Miembro de la generación del 50, Brines empezó su andadura junto a José Agustín Goytisolo, Jaime Gil de Biedma, José Ángel Valente, Ángel González o Claudio Rodríguez. "Muchos de ellos viven aunque no le hemos vuelto a ver. Todos estamos en el mismo camino, con los presentes y con los ausentes".


"Brines es un clásico vivo"

Fernando Ortiz / SEVILLA | Actualizado 29.04.2010
zoom

Brines es un gran admirador de Cavafis, Cernuda, Juan Ramón Jiménez y Antonio Machado.

Cuando Francisco Brines fue galardonado con el Nacional de Literatura de Poesía, declaró Carlos Barral, miembro del jurado: "Brines es un clásico vivo". Brines es el poeta vivo más importante de la estirpe de Quevedo, uno de los poetas mayores de la línea denominada por Unamuno "poesía meditativa". Hay, además, razones para justificar la comparación: expresión barroca y conceptista; profundo sentido moral de raíz metafísica. Ahora, acaban de concederle el Premio Reina Sofía. El ronco quejido de Quevedo parece resonar a veces en los versos de su heredero y descendiente. Y no es vano elogio, sino hecho cierto, que estos dos Franciscos (Quevedo y Brines) se dan la mano a través del tiempo. Un tiempo que -tanto el XVII español como nuestra época- es de estrepitoso derrumbe de valores.

Brines es, asimismo, un poeta mediterráneo. Pues nació en 1932 en Oliva, Valencia, un pueblecito cercano al mar. Es miembro de la misma familia que otros dos grandes poetas: Constantino Cavafis y Luis Cernuda . Y quizás hayan sido tales poetas, junto con Juan Ramón Jiménez y Antonio Machado, quienes mejor le enseñaron a desvelar su propio mundo. Cavafis y Cernuda por ser quienes mejor expresaron en la poesía moderna la experiencia homoerótica. Mas, ante todo, por haber dado, a la par que Antonio Machado, una especial intensidad a la emoción del paso del tiempo, que Brines comparte con ellos. ¿Y Juan Ramón? Desde él hasta Brines pocos han descrito con tanta viveza y matices las horas de la tarde y de la noche junto al mar. Brines, en su percepción del paisaje, le debe mucho a Juan Ramón. Quien configura asimismo, en la poesía de nuestra lengua, la expresión de la infancia como época anterior a la pérdida de la inocencia.

En la poesía de Brines hay mucho amor a la vida, a pesar de la aceptación de su fragilidad y fracaso. Así, al cantarla como un bien que ha de ser necesariamente perdido, este cántico se convierte en lamento. Para el autor, el vivir consiste en una sucesión de pérdidas, en un empobrecimiento sin pausa que termina un día en la desposesión total. Sus versos están publicados en la editorial Tusquets con el título de Poesía completa (1960-1997).

Sí, Francisco Brines es un clásico vivo y uno de los pocos maestros de mi generación indiscutidos. Muchos somos los que hemos abusado de su sabiduría y de su paciencia. Y él siempre ha tenido para nosotros la palabra exacta y serena, la observación sagaz, mas nunca hiriente, sobre esos versos primerizos que le mostrábamos ilusionados, pero que estaban necesitados de corrección. A él acudí dos veces en demanda de ayuda y las dos fue generoso conmigo. La primera vez fue cuando prologó mi primer libro de versos. La segunda y reciente, cuando escribió un texto sobre Vieja amiga, mi poesía completa para el homenaje que, por toda una vida dedicada a la poesía, me tributó el Centro Andaluz de las Letras. La entrega de este Premio me brinda la ocasión para reconocer otra vez más su alto magisterio y su generosidad.



24 abril, 2010

Afónicos

El material con que se construyen las palabras
y la argamasa que lo une
me han ido enseñando poco a poco
un ritmo secreto y solitario.

Roberto Juarroz


Udrai parole antiche,
parole stanche e vane
come i costumi smessi
delle feste di ieri.

Cesare Pavese


I tried each thing, only some were immortal and free.

John Ashbery



Celebración dicente de lo indecible:
sobre lo que no puede ser dicho es sobre lo que la poesía no puede callarse.

El abismo no alumbra, no dice:
enciende.

Hugo Mújica

11 abril, 2010

Hay un vacío existencial en todo carpe diem,
el arte de vivir por encima del abismo,
estoy condenado a errar.

29 marzo, 2010

Walt



"Se apellida Whitman
pero Dios le llama Walt"
León Felipe



Atravieso el Atlántico siempre que observo
el retrato de esta vieja edición.

Gracias a ti me canto cada día
y me celebro,
y no tengo que rendirme
ante la urgencia del mundo
por costumbre ciega.

Te escribo
desde un rincón de Europa,
tu semblante me basta
para afirmar
que el milagro ocurre
a la vuelta de cualquier esquina.

Porque es usted el poeta,
y cuando en la noche opaca
te miro a los ojos
siento presente una energía
que canta en nombre de todo lo concreto vivo

y nos celebra
en este privilegio mortal.

25 marzo, 2010

Ariadna

Ahora es, desde el poema,
me acuerdo de fijar un nombre
que a duras penas entiendo.

Es tarde
para recoger cosechas
de tu cuerpo leve que fue ayer,
hace tiempo
que no te digo musa.

Se me olvida a menudo
que el poema
nació en ti por accidente
antes de acabar
a solas conmigo.

22 marzo, 2010

Perité lunas antes de penar...

Perité lunas antes de penar
y fui penado en tus lugares,
derramé sangre en Orihuela,
ahora me espera tu cárcel.

No necesitabas claustro, Madrid,
cadenas, sociedad, ceniza.
El parto de cabra era la luz,
leer nubes el camino
anterior al fango de los hombres.

Hoy tu pena es también mi pena,
como el toro ensangrentado he caído
y cuando al fin voy a levantarme
una estocada atraviesa el lomo de la noche,
otra luna que llora en el anonimato
sangre de cebolla.

Cualquier intento es transformado
en yugo por la tierra. Y la poesía,
nube de huerta, poro de higuera
sin sentido, marca centenaria
resistiendo hasta el último final.


16/03/2010

20 febrero, 2010

sin título

El uni/verso se fragmenta
sin contar contigo,
la voluntad no sirve
cuando la luz de la ventana
cierra de golpe.

Esa pared que habla
ametralla la memoria
con su voz de martillo,
ceniza restante detiene
un sueño que va a arder
y se evapora.

Otro mar, sin razón,
un idioma silencioso
que habita en la arena
y la roca erosionada
del ayer. Otro mar
para lanzarse y conocer
lo poco que arañas tu vida
en poemas como este.

15 febrero, 2010

entrevista a Vicente Gallego

Entrevista a Vicente Gallego






Nacida como testimonio del vitalismo existencial de un sujeto sensible, solitario y macerado por el destino, la poesía de Vicente Gallego ha ido adquiriendo, en un paulatino proceso de crecimiento y de consumación, una entonación celebratoria que no ignora la precariedad de la vida ni oculta las espantables alegorías del mal, pero sostiene en su música un íntimo afán de revelación.


Documentos tomados de la Biblioteca Virtual Miguel de Cervantes

epigramas griegos

Nadie que de chismorreos del vulgo se preocupe,
Esímida, podrá gozar de muchos momentos felices.

ARQUÍLOCO DE PAROS (alrededor de 650 a. C.)


Largo tiempo tenemos de estar muertos,
y vivimos muy mal un corto número de años.

SEMÓNIDES DE AMORGOS (alrededor 630 a. C.)


Pero no soy de los que recrudecen su rencor,
sino que guardo un corazón silencioso.

Eros de nuevo, embriagador me arrastra,
dulciamarga, irresistible bestezuela.

SAFO DE MITILENE (600 a. C.)


Todo lo arrastra la vida. Alterar sabe el largo tiempo
el nombre y la forma, y el ser y el destino.

Epigrama atribuido a PLATÓN (429-347 a. C.)


Tengo cuanto aprendí y medité y en santas lecciones
me dieron las Musas. Las muchas otras riquezas tragólas el humo.


ARISTÓTELES DE ESTAGIRO (384-322 a. C.)


No olvidemos que los griegos consideraban la poesía como algo muy importante para la comprensión del mundo y la vida. Se tomaban muy en serio a sus poetas. Ellos eran los primeros educadores del pueblo, en una sociedad sin dogmas religiosos ni sacerdotes con libros sagrados ni tradiciones rígidas. La poesía servía de cauce para expresar doctrinas e ideas nuevas, y para conservar los mitos y criticarlos, y se cantaba en las fiestas y en los banquetes privados. Los primeros filósofos fueron también poetas. Luego los filósofos más abstractos y profesionales trataron de descartar a sus viejos competidores en la tarea educativa. El filósofo platónico quería vetar a los poetas y echarlos de la República por herejes. pero la mayoría de los griegos hasta la época final del helenismo pensaban de otro modo.

Carlos García Gual



Antología de la poesía lírica griega
Alianza Editorial, Madrid, 1980

21 enero, 2010

A. R. Ammons (un poema y breve biografía)

27

qué maravilloso poder escribir:
es algo que no puedes hacer como

tocar el piano, sin pensar:
no es un pensamiento importante, pero la

cinta tiene que enrollarse, deben golpearse
las teclas correctas, tienes que comprobar

si estás escribiendo bien las palabras:
tal vez no es el pensar

sino la concentración, lo que significa
que la atención está dirigida hacia fuera

y enfocada lejos del ser, lejos
de los obsesivos auto-monitoreos:

esos auto-monitoreos crean problemas
donde no los hay: llenan

la iniciación de miseria, pues si
puedes mirar alrededor y hacer cosas,

la iniciación se va y asimismo la
miseria: pero yo, yo tengo una larga historia

de miseria: he sufrido suficiente,
debería saber cómo: se ha ido

y venido muy a menudo, debería esperarla:
pero a veces se va por

años y entonces el regreso es difícil:
tengo (tienes, uno tiene que) aprender todo

de nuevo para afrontarla: una cosa que
uno aprende, supongo, es que hay

poco valor poético en escribir
sobre la miseria: tantas otras cosas

son más interesantes para la mayoría de la gente:
casi todo lo es: unas pocas de aquellas

pequeñas polillas de las alfombras vuelan en esta época del
año y dan con la pared: yo les

doy con el matamoscas, pero
no sé si eso sirve para terminar el

problema de las polillas: cuándo se aparean:
cuándo ponen huevos: cómo saben

qué hacer: probablemente lo hacen
sin pensaar: la manera en que

escribo: escribo para escribir: no es
que piense que ésa es la manera de

escribir: es que esta manera de escribir
me ocupa: es una manera de existir

que es más cómoda que no
escribir: por supuesto la mayoría de los escritores

tiene dificultad, como estoy seguro que deberían tenerla,
para escribir, y escribir bien: no

quiero decir que esto es bueno a pesar de
mi despreocupación, y no tengo intención de

degradar al lector (¿qué?) pidiéndole
que gaste su tiempo en tiempo meramente

gastado: desde que comencé esto, 15
minutos más o menos agradables han transcurrido:

mi gratitud por eso es, casi,
sin límites: me atrevo a pensar

que tal vez pueda pasar todo
el fin de semana escribiendo cuando lo

necesito: cuando no puedo encontrar nada
(¿mejor?) que hacer: créanme, no

haría esto si estuviera mejor conectado,
si estuviera mejor comprometido: caminar

es bueno, pero las articulaciones de la rodilla de mi
varicosa pierna me duelen (toda la pierna

se hincha con el calor): nadar es
agradable, pero devolví mi membrecía

cuando me enfermé: leer es a veces
posible: cuando no puedo leer otra

cosa, a veces puedo leer lo que
he escrito (eso es generalmente inocente

y lo suficientemente no violento): he dicho
antes que escribo para así tener

algo que leer, y eso sí
duplica el placer y el tiempo que

ocupa el placer: estoy básicamente
perfectamente sano: pero justo ahora

tengo cosas que hacer en el futuro que
parecen un desafío: estas cosas

no son desafíos sino excitantes
oportunidades: las he amarrado

para cuando me temo no
las podré hacer, y eso es desafiante:

como para un registro, generalmente cuando
hago tales cosas (por ejemplo recitales

de poesía o cenas con presidentes
(de colleges o universidades) las hago

lo suficientemente bien como para hacer amable
a la gente: qué podría ser menos desafiante

que la amabilidad: es mucho menos
desafiante, digamos, que el amor, que

es tan invasivo y profundamente comprometedor:


De "Glare"



Breve biografía

A. R. Ammons (1926-2001) 18 de Febrero, Whiteville, Carolina del Norte . Estando a bordo de un destructor de la marina estadounidense en el Pacífico Sur, escribe las primeras poesías. Mientras hacía el servicio en la Segunda Guerra Mundial, comienza a estudiar en la Universidad Wake Forest. Trabaja como vendedor de propiedades, Editor ejecutivo de la fábrica de vidrio de su padre, dando clases después en la Universidad de Cornell en 1964. Escribió cerca de treinta libros de poesía, entre ellos Glare (W. W. Norton, 1997); Garbage (1993), ganando el Premio Nacional del Libro (National Book Award) y el Premio Nacional de Poesía Rebekah Johnson Bobbitt de la Biblioteca del Congreso; A Coast of Trees (1981), que recibió el Premio Nacional de Poesía del Círculo de Críticos ; Sphere (1974), que recibió el Premio Bollingen; y Collected Poems 1951-1971 (1972), que ganó el Premio Nacional del Libro. Entre otras distinciones incluyen el Premio Wallace Stevens de la Academia de Poetas Estadounidenses, el Premio Ruth Lilly, la Medalla Robert Frost de la Sociedad de Poesía de Estados Unidos, y membrecías de la Fundación Guggenheim, Fundación MacArthur y de la Academia de Artes y Letras de Estados Unidos. Instaló su residenecia en Ithaca, Nueva York, donde fue Profesor en la cátedra de Poesía de la Universidad de Cornell hasta su jubilación en 1998. En castellano se ha publicado Poemas Escogidos, con estudio introductorio, traducción y notas de David Cruz y Mario Jurado, editorial Plurabelle, Córdoba.

19 noviembre, 2009

La capa. Ezra Pound (1885-1972)

¿Guardas tu rosa intacta
hasta que pase la primavera?
¿Es que esperas el beso de la muerte?
¿Crees que en la tumba oscura
hallarás un amante
mejor que yo ? No te echarán de menos
las rosas nuevas.
Cúbrete con mi capa y no del polvo
que cubre lo pasado.
Ten más miedo del tiempo
que de mis ojos.

26 octubre, 2009

Los poetas (Azorín)

Contemplemos imaginariamente a un poeta; este poeta es Rilke o es Verdaguer. Siente hondamente la poesía; la poesía mana en su cerebro, en toda su personalidad, como el agua en un surtidor; aunque pusieramos la mano en un surtidor, en un manadero, en el caño de una fuentecita fluente -muchas veces lo hemos hecho-, el agua, sin poder reprimirse, se escaparía por entre nuestros dedos. El poeta que estamos imaginando siente, vive, se produce en todos los momentos en poesía. La realidad exterior es para él material continuo de poesía; ve esta realidad, no prosaicamente como los demás mortales, sino en pura, prístina, delicada poesía. Para ver así la realidad, el poeta tiene que vivir entregado a sí mismo. Durante la adolescencia, tal vez la forma, la luz, las líneas, las apariencias de las cosas, dominen el espíritu de esas mismas cosas.

No importa, no importa por ahora. Con esas líneas, ese color, esas exterioridades de la realidad, se pueden también tejer bellos poemas. La realidad cantará ella sola, espléndidamente, en los versos del poeta. Pero ¿no pasa el tiempo? ¿No sigue su curso eterno, inexorable, el universo con las cosas contenidas en él, con el color, con la línea, con la forma? Ya los ojos del poeta van viendo la realidad de otro modo; un ceño ideal -melancolía, duda, decepción- se muestra en la frente del elegido; el gesto de sus manos es más lento. El poeta se va concentrando sobre sí mismo. Y al mismo tiempo va surgiendo en él una sensación extraña, una vaga aprensión que antes no tenía. Al principio, el poeta casi no se da cuenta. Sí, es eso; una vaga aprensión. Pero ¿aprensión de qué? Ante la blanca cuartilla, el poeta se ha detenido un momento. No se había detenido nunca antes de este momento; siempre su pluma había corrido ligera, rauda. Y ahora... El mundo exterior, la forma, la luz, ¿tendrán la importancia que el poeta les da? Si aprisionamos todo esto en bellos versos, ¿todo esto no será un poco vano, en resumen de cuentas? Detrás de las formas externas existe otra cosa; aprisionar ese algo misterioso no estan fácil como expresar la luz, la forma y el color. Intentamos recoger en las cuartillas un poco de ese espíritu misterioso. El poeta ahora, en este instante, se siente con fuerzas para ello; su vocabulario se prestaría fácil, dúctil, a la empresa. Las tentativas suceden a las tentativas; el poeta va perdiendo la serenidad del comienzo. La vaga aprensión de que hablábamos antes se convierte en miedo. Sí, en miedo. En la continua meditación, esta realidad, que al principio encontrábamos tan espléndida, vivaz, desbordante de vida, ha ido convirtiéndose en una enemiga nuestra. El poeta lucha por recoger, prender, aprisionar en sus versos un poco del espíritu de las cosas; pero la realidad externa es tan visible, tan manifiesta, tan fuerte, que se sobrepone a todo.

Y en este punto el poeta pierde el dominio de sí mismo; comienza a dudar de sí propio. Entregado a sí mismo, en su meditar constante, las cosas han adquirido unas proporciones que para los demás mortales no tienen. Los sentidos todos del poeta han ido adquiriendo una sensibilidad excepcional; ve el poeta en el mundo, entre las cosas, relaciones misteriosas, profundas, que los demás no perciben. Todo se agranda, se agiganta para el poeta; incidentes que para los demás son desdeñables, simplemente ingratos, son, para el ser elegido por las Musas, intolerables, dolorosísimos. Se refugia el poeta en el mundo del espíritu; se entrega a sí mismo. Pero entregarse a sí mismo, sin prescindir de los demás, es empresa imposible. Poco a poco, buscando la soledad, va apartándose el poeta del mundo; limita sus amistades, evita el encontrarse en los concursos y congregaciones humanas. De este modo, la realidad brusca, áspera, brutal, tendrá menos influencia sobre él; la esencia de las cosas podrá por él ser mejor aprisionada. Pero, por otro lado, a medida que el espíritu propio, la esencia de su personalidad vive más aislada del mundo exterior, del trato de las gentes, el miedo a perderse a sí mismo, a perder su personalidad, va siendo más profundo, más intenso. Sí, el mundo externo, la realidad, puede robarnos nuestra personalidad; puede llegar un momento en que, ante las cuartillas, no sintamos ya aquella divina emoción que sentíamos antes; no se dará este hecho doloroso de pronto; se producirá poco a poco. ¿Por qué hoy hemos rasgado una cuartilla, y después otra, y luego otra? ¿No escribíamos antes de corrido, alegre y voluptuosamente? ¿Somos nosotros mismos quienes escribimos ahora, o es otro distinto de nosotros?

En la aprensión, en el miedo del poeta, el factor del determinismo material es lo de menos; él sabe, sí, que el espíritu está influido por la materia. Pero existe para él otro mundo más alto, más sutil, de relaciones entre las cosas. No entra el poeta en análisis filosóficos, científicos, de estos fenómenos extraños. Lo esencial es que él percibe cada día, cada hora, cada minuto, que la realidad, la materia, la tosquedad del trato humano, las palabras rudas de amigos y conocidos, los gestos violentos, entran ahora en su espíritu con más fuerza que antes. Y enran con más fuerza, con más ímpetu, porque su sensibilidad, con el continuado laborar, con el constante hábito de las cuartillas, es más aguda, más terriblemente aguda, que antes. Y él percibe claramente, dándose cuenta del hecho, como un enfermo que se diese cuenta de su enfermedad y de su fin próximo; él percibe con claridad que, al tener la entrada libre en su ser la rudeza, la grosería, la violencia ambiente, será difícil, cada vez más difícil, la permanencia en él de lo fino, lo selecto, lo delicado. En suma, su personalidad se irá perdiendo. Ya no será el mismo que era antes. Lo que hacía su persona precisamente lo ha perdido. Por ser más sutil, más sensible, más delicado que los demás, va a tener una penalidad, un castigo que no tienen los demás. La realidad externa, brusca, gruesa, ruda, entrará en esta personalidad, debilitada por la meditación, con más fuerza que en otras.

Y el poeta siente un miedo terrible, angustioso. Y para evitar el mal inevitable, restringe más el círculo de su vida, se encierra más en sí mismo, hace su soledad más densa. Y este remedio que él busca se vuelve contra él. Pero ¿podía este ser sensitivo, mórbido, hacer otra cosa? Si se lo propusiera, ¿podría volver de pronto, como recurso heroico, al estrépito, a la vorágine ruidosa, al comercio frívolo y brutal de los humanos?

No, no podría; para él no hay ya esperanzas; no tiene más remedio el poeta que ir, cada día más, hundiéndose en la soledad, huyendo de las cosas, tratando de evitar heroicamente, con esfuerzos íntimos y trágicos, este posesionarse de su espíritu que la realidad exterior intenta.

Y éste es uno de los aspectos de la tragedia de los grandes poetas.


Extraído del libro "ANDANDO Y PENSANDO (NOTAS DE UN TRANSEÚNTE) 1929" Capítulo XX "Los poetas"

22 septiembre, 2009

LA POESÍA: EXPLOSIÓN DEL SER POR DEBAJO DEL LENGUAJE Roberto Juarroz

Vivo el poema como una explosión del ser por debajo del lenguaje. Descubro aquí cuatro elementos básicos: explosión, ser, lenguaje y debajo. Podríamos acercarnos a ellos diciendo lo anterior de otro modo: el poema es la expansión abrupta de una realidad fundamental que se genera a través de las posibilidades subyacentes de la expresión verbal y no sólo por medio de la su capacidad significativa inmediata. [...]

Me apasiona la fuerte humanidad de una búsqueda de esta clase, su desafío a las normas y los estereotipos, la densidad de nivel donde se gesta la lucha por la expresión, la intensidad del buceo en las zonas más olvidadas y sin embargo más vivas de lo real, la simbiosis profunda de todas las proyecciones simbolizadoras, la paradójica complementariedad y hasta sincronicidad de lo espontáneo y lo reflexivo, lo dicho y lo no dicho, la victoria y el fracaso, lo esperado y lo inesperado, lo posible y lo imposible, lo uno y lo otro.

Me subyuga el amor que se funda y sustancia en estos espacios vivos y la libertad radical de ese amor, que ya no hace distingos entre expresarse y comunicarse, entre soledad y compañía, entre ausencia y presencia, entre voz y silencio, entre amar y pensar, entre todo y algo. La palabra transfigurada de un hombre solitario puede recoger allí, por abajo, el gesto misterioso y absurdamente magnífico de la humanidad. La poesía puede entonces proyectar ese gesto y abolir en un acto de amor la distancia entre el hombre y los objetos, entre el hombre y la naturaleza, entre el hombre y el hombre, entre el hombre y la muerte. Más que un vacío, esas distancias son el músculo al que es posible dar vida con el nervio de la visión creadora, con el tatuaje inusitado de la palabra en función y explosión de ser, para mover así el mundo. La realidad está donde queremos que esté, donde somos capaces de engendrar una forma.

En el corazón de mi poesía está la creencia en que el pensamiento es más concreto que todo el resto de la materia del mundo. Por eso, en el corazón de mi poesía hay también un rostro.

Toda vida es sólo un amago, el anuncio o comienzo de un gesto. También la poesía es un amago, pero su ademán permanece, como si fuera algo más. El hombre y su lenguaje empujando implacablemente sus límites, desvestidos de todo cuanto no sea límite, desvistiéndose de aquello que ahora lo es. Suprema afirmación, es también lo más cercano a la suprema negación. La grandeza concreta de la poesía, como la de la vida, consiste en no estar hecha. Un salto siempre más allá, el salto que nos hace posibles.



Nota de Ángel Ros: Este texto fue publicado como prólogo a Poèsie verticale (Recontre, Lausanne, 1967). Puesto que se trata del prólogo a una antología bilingüe, se publicó ahí solamente en su versión francesa. La versión en lengua española apareció en la revista Actual (año. 1, n. 2, Universidad de los Andes, Mérida, mayo-agosto de 1988, pp. 121-123), como complemento de un artículo de Ludovico Silva, “Decir de lo indecible: poesía vertical de Roberto Juarroz”, luego reproducido en Roberto Juarroz: Poesía y creación. Diálogos con Guillermo Boido (Carlos Lohlé, Buenos Aires, 1980), de donde he tomado estos fragmentos (el título que aparece aquí es mío).

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ROBERTO JUARROZ
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