06 noviembre, 2010

memoria de un solitario día

Esos colores de la calle que se duermen,
la sombra del árbol sobre el cielo herido del atardecer,
las antenas de metal raquítico,
aquel contorno oscuro de los edificios más altos,
a través de la ventana me recuerdan a ti
que estás parado ausente en una esquina
donde has perdido seis trozos de esperanza,
cuatro kilos de vida, dos meses de alquiler
y aún sonríes, a ti
que apuras en terrazas contiguas
la exhalación de tu violín gastado,
había olvidado
que la música se escucha gratis cuando disfrutan del paseo,
me recuerdas a unos ojos satisfechos en su margen
que sin mediar palabra ni amistoso gesto
auguran bienestar, más tarde
sentado en esta silla
os veo marchar como sombras sucias, despreocupadas,
dios sabe donde dormiréis,
sin trampa
me examino con un poso en el tercero c,
esta tarde alguien creció por obra de regalos anónimos,
mi soledad reconfortada os lo agradece como sabe
sabiendo que, al fin y al cabo, uno solo es insignificante.

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