06 julio, 2014



Han caído las cerezas 
como coplas en esa piel de arena suya
que en los días impares acoge una falsa dicha de permanecer.
Quizá cierta en esos limpios ojos teñidos de azabache,
nítido ser que besas dormidos arrecifes,
tal vez mañana seas llamado amor y vida.
  


        
            Cuando el día se aleja
la muerte arquea sus cejas,
su mirada pregunta por la vida,
pide cuentas, exige resultados
como un entrenador exigente
al final de la partida.