26 noviembre, 2005

Bob y su telonero

El genio de Minnesota es un personaje poliédrico, inescrutable: fue el líder de la canción protesta sin interesarle en realidad la política, renegó del folk y levantó una tormenta de poesía eléctrica, quiso ejercer de padre de familia y resultó un casanova impenitente.


Anécdota

Hace ahora justamente seis años, Bob Dylan tocó por segunda vez en Galicia. Fue un intenso concierto en el pabellón do Sar, en Santiago, que se cerró con un áspero Like a Rolling Stone. El telonero de aquella gira española era el fenómeno argentino Andrés Calamaro, fan enfermizo del judío errante y auténtico numerario de la cofradía mundial de los F.O.B. (Friends of Bob). Calamaro se enroló a tarifa baja y con una ilusión muy concreta: trabar contacto con su maestro. Resultó una tarea ardua.

Andrés cuenta que pronto descubrió que los contratos de todo el equipo que rodea a Dylan incluyen una cláusula que les prohíbe hablar del jefe. Sin perder el ánimo, Calamaro siguió en primera fila todos los conciertos, intentando cruzar su mirada con las pupilas azulísimas de Bob. Tal técnica de aproximación parecía infructuosa... Pero tras varios días de gira, al final del concierto de Gijón, el esquivo Dylan se acercó a Calamaro cubierto por una capucha y le masculló un «tenía muchas ganas de conocerte». El discípulo recuerda la frase como «la mentira más maravillosa que me han dicho». Calamaro se apresuró a hacerle llegar su disco del momento, el estupendo Honestidad Brutal, una obra de evidente advocación dylaniana. Bob agradeció el detalle y en la última noche de la gira presentó a su telonero desde el escenario como: «Mi amigo, el Rey del Ruitmo, Anrués Calamaro».

1 comentario:

esencia dijo...

he estado observando tus BUENOS gustos musicales...aunque ahora (más que nunca) nos veamos bombardeados por música que no lo es tanto...Quizá el mismísimo Boy Dylan acertaba cuando dijo que sólo triufa la mala música...