02 junio, 2014




            Esa borrosa luz de los atardeceres
            arranca cierto impulso a la leve transparencia
            del preciso verbo y su intención afirmativa.
El cristalino espejo de la infancia
            protege los senderos de esta canción perenne,
            y aplasta falsos ídolos de barro.          
Entretejida de anhelos avanza otra nube de cristal
            en el tapiz de un cielo azulísimo,
como aquellos ojos que borró la lluvia
junto a la pura rebeldía de la noche cerrada.




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