22 agosto, 2012





            Lloremos abrazados, enroscados al mar,
            y que mis brazos nube sean la almohada de tu nuca
            consumiendo ese oscuro fuego tuyo
            de fiera sublunar.
           
            Duérmete entre mis tristes olas
y no temas a la noche.
No temas al temor de enredarte en la madera,
no temas al miedo de quedar atrapada
en tu propia tela de aire.

Soy testigo de todas las sombras,
pero vigía sólo
de tu delgada claridad.

Nubes de terciopelo roto,
prohibido dejar tus labios en los míos
o al revés, cómplices
de un posible electroshock sin daños,
no nos vamos a hacer daño siempre decimos
como dos niños que se saben terribles.

Basta de categorizaciones absolutas
y lamentos: nos sobran palabras,
nos sobran cicatrices,
no tenemos ni idea del amor.

He comido manzanas durante todo el día
y he estado esperando cuarenta y cinco horas
la violenta exculpación de esa mirada.
Hazme tu espejo de agua,
tu guía de luz
en el firmamento libre de la noche.


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