01 julio, 2012






            Algunos muertos escriben poemas,
            sus huesos de ceniza sempiterna
            forman una constelación celeste
            en el hipotálamo del verso,
            donde arranca esa chispa
que no prende jamás.

            La improvisada ensoñación,
            raíz contenida, cadáver que habla,
perfume marchito con sabor a piel,
manzana podrida en la memoria.

            Bajo estos pasos
            arranco cicatrices a la noche.

Noche herida de estivales cabellos
bañados en satélites de luz,
noche que deseas el amor y no cuerpos
a ti te ofrezco el más solitario de mis cantos,
noche que mata hasta tornarse bandada
de pájaros que pían.

Con la certeza ciega de un muchacho
avanzo sin rumbo en esta constelación
de dulces remiendos sin sentido.

Como animal errante
            hundo mis pies descalzos en la hierba
            y me vuelvo raíz mojada, escritura difusa,
muerte que dicta versos hacia atrás,
vigilia y sueño, amor de árbol.

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