22 abril, 2012




            Algunas noches blancas 
los ríos se detienen.
Al descender su curso
            florece tanto mar
            que es imposible detener su ausencia.

A despecho indiqué el color de aquellos sueños
que tanto te asustaban, y te arranqué el vacío.
En el camino de la noche te tatué unas alas,
derribé en silencio los muros
de aquella piel indecisa.

Sin que lo sospecharas
fui sembrando flores de azahar entre tus sábanas,
arrancándote uno a uno
viejos fantasmas enquistados,
así te devolví a la vida.

La voz que te sacó del hundimiento,
tu seda de lágrimas aquí.
No olvides que vivo
para cantar los nombres
que cubren tus arenas movedizas.

            Vuela ahora,
vuela hacia el sur,
vuela hacia el mar incandescente.

            Sobre las baldosas cae el telón de la noche,
            celebremos tu nueva voz azul.


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