30 mayo, 2006

canción del joven maestro que llegó al pueblo

En la sucia posada
sobre un colchón de suelo
entre últimos suspiros
el joven sin remedio
observa la navaja.

Afilando está la luna
sus desgarrados ojos,
y el aire envenenado
arranca las cortinas
de un dulce sueño.

Tiene miedo la noche
(qué sola está la huerta)
porque el pueblo se duerme,
sordos griteríos
en sus mestizas calles.

Es atroz el silencio,
y la música no puede
detener su angustia,
la botella vacía
llena el enorme vaso
de potentes recuerdos.

Con torpeza reclina
su escuálido esqueleto
para sentir el peso
de los años que restan,
las nubes son raíces
que están envenenadas.

Ya murió el gitano "Mingo",
su flamenco cuartel
fantasma en la memoria,
anónimo blindaje
de olvidados genios
que acicalaban momias
con impetuoso arte.

Flaquea así la mente
de este joven maestro,
falso espejo de cordura;
polvo de melancolía
sus libros derraman,
olvido impertinente
que el espejo señala
en el brillante filo
de esa navaja virgen.

2 comentarios:

IGNACIO dijo...

A mi edad me recuerda tu poema, a mis maestros, en un pueblecito de Toledo, me hace rememorarlo, ya sabes antes sólo había uno, y acaso un par de libros, lo describiste tan bien, que me voy nostálgico.
Abrazos,

GoodBikes dijo...

Me trae el recuerdo de lo vivido...yo tambien vivi en un pueblo... un saludo